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El siguiente texto es un breve fragmento del libro
"El sentido del Miedo Escénico"

Algunas opiniones generalizadas

En líneas generales, existe una opinión errónea con respecto al miedo en el momento de tocar. Se cree así que el miedo demuestra o bien falta de estudio, o bien falta de experiencia, o ambas cosas a la vez. De esta manera, el consejo al músico que experimenta temor apunta, en muchos casos, a dos soluciones, o en realidad a dos acciones: 
·  
“Practica más”
· 
“Toca más veces en público”

Con respecto a la primera de estas opciones (practicar más), existe un parámetro que nos permite comprender -en líneas generales- si el problema radica o no en un estudio insuficiente: Si en el estudio cotidiano el resultado es satisfactorio, es porque la problemática musical está básicamente resuelta, más allá de lo que se pueda progresar y mejorar en ejecuciones futuras. 

Con respecto a la segunda (aumentar el número de presentaciones ante el público), es sabido que, en general, esta solución raramente produce la disolución del temor. Si bien es cierto que hay un porcentaje mínimo de temor que se va disolviendo conforme la experiencia aumenta, la mayor parte del mismo suele no desaparecer. Por el contrario, suele suceder que al tocar reiteradamente con temor, el músico se siente cada vez más frustrado, inseguro y temeroso de su próxima presentación y, en definitiva, identifica el momento de tocar con un momento temido y no con un momento de disfrute.

En este sentido, es fundamental comprender que esto es así porque lo que causa el temor en el momento de tocar no tiene que ver esencialmente con la mayor o menor experiencia sino con otros factores, más centrales y más constitutivos.

Diferencia entre el Miedo y la “sensación de adrenalina”

Llamo miedo en el momento de hacer música a aquella sensación que, por un lado disminuye considerablemente el rendimiento del músico en escena en relación con este mismo rendimiento en su estudio cotidiano, y, por el otro, le impide al músico disfrutar de su presentación.

Existe como contrapartida otra sensación que también es llamada muchas veces miedo o temor, pero que en realidad tiene que ver con cierta excitación o “sensación de adrenalina” similar a la que se tiene antes de emprender cualquier actividad relacionada con el disfrute profundo y con cierta imprevisibilidad (ir a una fiesta, tener una cita con una persona a la que se ama, practicar un deporte, etc.)

Esta “sensación de adrenalina” es altamente positiva, ya que, en líneas generales, nos permite estar más atentos, presentes en el momento y sensibles a lo que sucede en el aquí y ahora. Por el contrario, el miedo en el momento de tocar nos impide justamente esta conexión con el aquí y ahora, con el hecho musical y con nuestra propia sensibilidad y, finalmente, nos impide desplegar nuestra potencia, disfrute y amor por nuestra actividad.

El “Escenario”

Dentro de la temática del Miedo Escénico, cuando me refiero al “escenario” no me refiero exclusivamente a la situación de concierto sino a todo lugar en el que hay “otro/s” observando al músico mientras ejecuta su instrumento.

Esta pequeña aclaración es sumamente importante, ya que a lo largo de mi trabajo he observado que los “escenarios” en los que el músico experimenta temor son absolutamente heterogéneos y personales. Así, existen músicos para los cuáles el “escenario” atemorizante es un concierto, otros para los cuales es un examen, concurso, clase individual, clase grupal, fiesta familiar, momento de estudio con otra persona presente, etc. Todos estos “escenarios” son absolutamente respetables y válidos, ya que, en su estructura fundamental, el Miedo Escénico no tiene que ver con un “escenario real” sino con la manera en la que este “escenario real” repercute y sintoniza con el “escenario interno y emocional” que el músico tiene en sí mismo previamente al acto de tocar.