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SAXOFON CLASICO y SAXOFON JAZZ
¿Cuál es la diferencia?

por Dr. Thomas Walsh
Profesor de saxofon clásico y jazz en la
Universidad de Indiana, EE.UU

Traducción : Alejandro Arturi
Fuente: “Yamaha Educator Series: Wind Instruments"
 

 

Una escena muy familiar en las escuelas estadounidenses de música es escuchar al director de una banda sinfónica diciendo: “saxos,  por favor más piano”, o si se tratase de una big band pidiendo: “saxos, por favor no los escucho”, o “saxos, no tan cantado”.

El saxofón es un instrumento extraordinariamente versátil, muy a menudo relacionado por la sociedad como instrumento popular o “de jazz”, aunque también es reconocido por sus gratos aportes a la música clásica. Sin embargo, esta aparente cualidad en ocasiones puede ser un problema. Comúnmente un saxofonista de jazz suele ser tildado de “grotesco” o “grosero” en su forma de tocar por sus pares en una orquesta o banda sinfónica; y a un saxofonista clásico se lo suele considerar como “chato” o “sin gracia” por sus colegas jazzeros. Para salir airoso de esto es necesario que el alumno este informado sobre los problemas de interpretar simultáneamente ambos estilos.

Creo que la primera diferencia entre la tradición clásica  y de jazz de saxofón es el modo de escribir las articulaciones. En la primera suelen estar meticulosamente escritas y los intérpretes deben preocuparse por ejecutarlas lo más fielmente posibles; en cambio en la escritura de jazz las articulaciones pueden no estar escritas o estarlo y significar otro modo de ejecución al que lo es en una pieza clásica; así es de esperar que el intérprete sepa resolver esta problemática con recursos propios del estilo.

¿Quién no ha escuchado a un saxofonista de jazz interpretar una pieza clásica sin respeto estricto por las articulaciones o matices escritos; o a un saxofonista clásico tocar una obra de jazz sin el mínimo swing o atacando cada nota?

Cuando nos adentramos en la escucha crítica de grabaciones de saxofonistas de jazz o clásicos vemos que la diferencia radica en la utilización de los elementos interpretativos básicos del saxofón como ser: color del sonido, características del vibrato, articulaciones, acentos y en el agregado de otras inflexiones propias del jazz (bendings, notas fantasma,caídas, subtone, etc.).

Tradicionalmente de un saxofonista clásico se espera refinamiento del tono (o un tono puro, sin distorsiones o “agregados”), acentos livianos, vibrato muy rápido y delicadeza al finalizar las frases; el de jazz en cambio suele optar por un sonido mucho más brillante,  a veces con cierta suciedad o rudeza, vibrato irregular y acentos más percusivos.

La forma de acentuar es sin duda una de las diferencias más notables entre ambos estilos. En clásico se busca que el acento de “peso” a la nota, llenándola con más aire y en ocasiones utilizando un rápido  vibrato; en jazz se suele acentuar con un golpe de lengua percusivo y con mucho aire, usando vibrato luego del ataque inicial quizás durante la segunda mitad de la nota.

Otro aspecto de discordancia es la elección del equipamiento o “setup” (boquilla+caña+abrazadera), el cual sin duda difiere según el estilo; pudiendo el mismo ayudar o estorbar al músico según sea el adecuado, o no, para el estilo en que se desea profundizar. Cabe aclarar en este apartado que si bien se suele cambiar de equipo según el estilo a ejecutar, el verdadero cambio se da cuando la persona conoce a fondo la diferencia entre los puntos comentados anteriormente (vibrato, articulaciones, acentos….); o sea si se cambia de setup pero en “la cabeza” se toca una pieza clásica con concepto jazz, o viceversa, la interpretación no será exitosa o fidedigna.

Si bien hasta acá hemos hablado del saxo clásico o de jazz como dos instrumentos distintos (y en ocasiones es saludable así pensarlo), hay muchos puntos en común  a la hora de estudiar el instrumento ya sea al encarar articulaciones, modo de producir el sonido, vibrato, entrenamiento auditivo, mecánica de digitación, afinación, etc.

De esta forma sea cual fuere el estilo que se ejecute ningún saxofonista puede no tener un sonido bello y enérgico sabiendo aprovechar su aliento, saber articular con suavidad o poder medir su vibrato, tener una mecánica de digitación depurada por la práctica de escalas, arpegios y otros patrones, y  escuchar diariamente a los principales intérpretes dentro del estilo elegido, así como ejecutar melodías “de oído”.

En resumen, aprender a interpretar cada estilo es una cuestión de profundo estudio y práctica. Se debe estudiar cada estilo hasta internalizar el sonido propio del mismo y dominar todo su lenguaje.

 

 

 

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