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Todas las orquestas del mundo tienen la misma
característica: Mas son ellos quienes primero se desilusionan de
su profesión, no se dedican a sus instrumentos y después de
pertenecer diez años a la orquesta ya apenas pueden tocar el violín.
Los directores con experiencia saben esto, y apenas perciben una
desafinación no definida, retan automáticamente a los segundos
violines pecaminosos. Los rivales más peligrosos de los primeros violines son los violoncellos, quienes consideran su desempeño lo más importante de la orquesta, por eso sienten cierta superioridad hacía sus colegas, mas "Nobleza obliga", se mantienen cordiales con sus semejantes. A pesar de ser conscientes de su importancia muchas veces cometen el pecado de querer actuar como solistas, y en cuanto a su afinación, pocas veces se puede considerar un deleite artístico un solo de "Tosca" o "Guillermo Tell". En los vientos la ejecución y el carácter de los músicos varía según el instrumento: Los flautistas son capaces de llegar a las notas más agudas y veloces, por esta razón se sienten privilegiados. Se ofenden por la menor observación del director, durante los ensayos se cruzan de piernas haciendo indiferencia a las explicaciones del director, señalando de esta manera que lo oído no es interesante y ya hace tiempo conocido por ellos. En sus años juveniles han sido normales, pero después de unos años de soplo constante, a veces sufren de ataques de histeria. Su carácter no es muy confiable, sus objetivos son alcanzados con astucia. Los métodos de construcciones orquestales nos relatan, que más desafinada que una flauta, sólo pueden ser dos flautas, salvo excepciones.
Los oboístas son gente
amarga. Tienen que hacer sonar el instrumento a través de
una caña muy delgada. Con el tiempo estas retenciones de aire
ocasionan perturbaciones en el músico. Sufren ocasionalmente de
ataques de cólera y no tienen muy buena relación con sus
colegas. Generalmente mueren de gastritis o arteriosclerosis.
Los clarinetistas en
cambio son gente de mucho humor y alegría, de eso son
conscientes, mueren en forma natural y por esos viven felices
una larga vida. Al director muchas veces irrita la forma de
tocar de los clarinetistas, dado que al tocar, la boca del
ejecutante parece transformarse en una risa burlona. Por eso el
director considera a veces a los músicos como un enemigo oculto
y en los clarinetes visualiza esta ironía.
Pero el terror de los
directores de orquesta son los fagotistas. Estos rara vez
pueden sacar sonidos placenteros de sus instrumentos y por esa
razón sufren de complejos de inferioridad y a veces se
manifiestan agresivos. Muchas veces son víctimas del
alcoholismo, quizás para contrarrestar el amor no correspondido
de parte de la Música.
Marcamos a los cornos con los números designados por los
compositores. El primer corno toca la parte más aguda, el
cuarto la parte más baja. La relación de 4 a 1 no obstante es
diferente, es en realidad 40 a 1 a favor del primer corno.
El primer corno es el instrumento de mayor peligro en toda la
orquesta, dado que hasta el público no muy experto en música
sabe que es imposible un concierto sin una falla del corno.
Por las fallas los primeros cornos se dividen en dos categorías
a saber: los primeros que después de haber cometido una falla
sonríen como perdonándose, la segunda que se enoja y dice malas
palabras ya antes del error, pues sabe, que lo va a cometer.
Este comportamiento los cornos también lo aplican luego en la vida cotidiana en la sociedad. El rival del primer corno es el tercer corno, quién cree firmemente que el primer corno va morir de muerte natural y que heredará su puesto. Pero si por azar tiene que tocar la parte del primer corno, así producirá una serie de fallas y de este modo en forma alternativamente sonreirá o maldecirá.
Los trompetistas son los seres más inteligentes de la
orquesta. Su inteligencia crece en cada ensayo y concierto.
La causa de esto es que tienen mucho más silencios que notas
para tocar. Este lapso es utilizado para la lectura del diario,
un libro o algún juego. Su superioridad intelectual se
manifiesta en las observaciones satíricas contra las
indicaciones del director de orquesta. Estas observaciones no
son tan fuertes como para que los escuche el director y disfrute
de ellas o aprenda algo, pero sí son muy audibles para segundos
violines y violas, o sea para los grupos no muy respetuosos de
la autoridad, convirtiendo al ensayo más aburrido en placentero.
Los directores de orquesta generalmente no aprecian los
esfuerzos de los trompetistas para hacer amenos a los ensayos, y
por esa razón entre él y los ejecutantes de estos instrumentos
irritantes existe una tensión constante. Se puede reconocer a
los trompetistas generalmente por la falta de sus dientes de
adelante. Sucede a veces, que durante los ensayos, los
trompetistas están tan absortos en sus lecturas, que sólo en
última instancia recurren a sus instrumentos. Es por el
movimiento brusco, que se dañan o se rompen los dientes. Dinero
para nueva dentadura es sólo aplicable en la edad de jubilación.
Más pausas tienen tubas y
los trombones. Estos se alejan con la precisión de un
cronómetro, generalmente paran en los bares linderos de la ópera
y regresan con igual exactitud para hacer sonar sus instrumentos
con acordes de fortísimo.
El percusionista se siente en un podio elevado durante el concierto y atrae toda la atención del público. Es el amigo del director de orquesta, con quien intercambia miradas afectuosas durante el concierto. A veces interrumpe el silencio con una intervención inesperada. A las notas de este evento, sería imposible encontrar en la partitura del compositor.
Los arpistas llaman la
atención con la afinación interminable, pues las cuerdas bajan a
la entonación original y no concuerdan con el diapasón de la
orquesta. Las arpistas o mejor dicho las damas del arpa
gozan de prioridad y de privilegio, donde la técnica de la mano
y de los pies juega un factor importante, aunque aquí también un
paso al costado trae consecuencias funestas. Como en muchas
obras no figura el arpa, muchos arpistas tienen paralelamente
otro oficio y los músicos creyentes en la teoría de la
reencarnación en su próxima vida esperan ser arpistas.
A los contrabajos hay que rendirles homenaje especial.
Estos, con ejercicios de gimnasia, intentan producir sonidos
musicales con su enorme instrumento. Éstos intentan rivalizar
con los chelos y hasta se animan a tocar solos con supremo
esfuerzo.
Sus hazañas son parecidas al domador de león, a veces están ubicados sobre un podio (de otro modo no serían visibles), a veces arrancan sonidos finos de eunuco, que contradice con el tamaño del instrumento. Los contrabajistas son irremediables, pues hasta el fin de sus vidas están empeñados en estos esfuerzos supremos y si no lo consiguen, sufren de ataques de cólera.
* Gyula Bandó es Director de Orquesta. Nació en la Ciudad de
Budapest (Hungría).
Llegó con la Orquesta Filarmónica de Budapest a Leipzig en los
últimos meses de la segunda guerra mundial, antes de que los
rusos ocuparan Budapest. La Filarmónica de Budapest a pesar de
la agonía de la guerra ofreció conciertos semanales en Leipzig
hasta el último momento de la rendición de Alemania, para una
población ya casi semimuerta por los bombardeos, atenuando así
el horror para los inocentes y amantes de la música. El
concertino, Mtro. Szentgyorgyi, ha sido traído por Perón junto
con Walter Gieseking y Ernst von Dohnányi a Tucumán. Gyula Bandó
dirigió luego en Amsterdam, París, Venezuela, Teatro Colón.
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