Como advierte Rudé -aunque, en el siglo XVIII, debido a sus
características históricas específicas, fueron más bien escasas las
grandes personalidades artísticas, en la música, al menos- "... no
careció de gigantes un siglo que produjo a Bach, Händel, Mozart, Haydn y
Gluck".
Y, en realidad, el siglo constituye a todas luces un voluminoso
compendio de innovaciones musicales, así como una copiosa lista de
grandes nombres. Todo ello surgió, preparado ya desde el siglo XVII, a
partir de dos hechos que, al decir de Enrico Fubini, suscitaron todas
las polémicas subsiguientes:
● La invención de la armonía
● La invención del melodrama
Según este autor, pues, el gran problema planteado por la estética
musical de los siglos XVII y XVIII no es otro que la definición de las
relaciones entre música y poesía, reflejado a lo largo de ellos de muy
diversas maneras. A la cuestión, común con el resto de las demás artes,
de la 'imitación de la naturaleza' se la añade otro punto polémico, ya
más específicamente musical:
"...La música es considerada fundamentalmente como un arte inmoral,
visto que no dice nada a nuestro espíritu ni a nuestra razón, que no es
ningún lenguajes que pueda comunicarnos nada ; la música representa
solamente un deleite para nuestros sentidos, para el oído acariciado por
el juego de los sonidos, de las dulces melodías ... El arte sólo puede
ser admitido si sirve para presentarnos verdades de razón bajo un
aspecto menos grave y severo, siempre que la poesía no sea un vano juego
de palabras y sonidos, siempre que nos depare, de forma agradable y
deleitosa, la verdad. Pero la música no tiene salvación: nunca podrá
significar nada de por sí ; a lo sumo, podría redimirse parcialmente de
este pecado original si se limita a ser humilde sirviente de la poesía".
Ese era más o menos el estado de la cuestión durante el siglo XVII, y la
polémica giró en torno a la diatriba entre música homofónica y música
polifónica: en el terreno estrictamente instrumental, cuando no se
requiere que la música sea servidora de nada, se plantea la posibilidad
de desarrollar todas las voces por separado ('polifonía'), como tendía a
hacer la escuela alemana y centroeuropea en sus composiciones
religiosas, o desarrollar una única melodía, con el resto de las voces
acompañando, práctica habitual de los compositores italianos, influidos
por el melodrama ('homofonía'). La homofonía venció a la larga, incluso
en Alemania, pero la polifonía nunca se retiró del todo. Sin embargo, ya
hacia 1750 (coincidiendo con el paso, en otras artes, del rococó al
neoclasicismo) la batalla estaba decidida ; lo que hoy conocemos como
'música barroca' dejó paulatinamente su lugar a lo que luego se llamaría
'música clásica'. Romain Rolland refleja este fenómeno como sigue:
"...Obsérvense las fechas: J. S. Bach muere en 1750, Händel en 1759. En
1759 muere C. H. Graun. En 1759, Haydn da su primera sinfonía. El Orfeo
de Gluck es de 1762 ; las primeras sonatas de Felipe Manuel Bach, de
1742. El genial promotor de la sinfonía nueva, Johann Stamitz, murió
antes que Händel, en 1757. Así, pues, los jefes de las dos grandes
corrientes artísticas vivieron unos al lado de los otros. El estilo de
Keiser, de Telemann, de Hasse, de los sinfonistas de Mannheim, que es el
origen de los grandes clásicos vieneses, es contemporáneo de las obras
de Bach y de Händel. Mucho más, en vida de ellos tenía primacía sobre
éstos".
Romain Rolland cita al influyente crítico y compositor Johann Matheson
(1681-1764), el cual se jactaba, en su revista musical 'Critica Musica',
"... de haber sido sin vanidad el primero en insistir enérgica y
expresamente sobre la importancia de la melodía ... ". Anteriormente,
dice, no había un solo autor musical en toda Alemania "... que no
saliese por encima de esa primera, excelente, y hermosísima parte de la
música, como un gallo por encima de carbones ardiendo". Es posible
-pensamos- que el hecho de que fuese precisamente esta postura la que
terminase imponiéndose, encumbrando a músicos de segunda fila como Telemann o al actualmente desconocido Graun, no fuese más que un síntoma
del 'Masscult' ('cultura de masas'= ramplonería, mal gusto) que
comenzaba a adueñarse de todo por aquella época precisamente. No
obstante, hay que reconocer, por otro lado, que ello propició a la larga
el desarrollo del clasicismo musical. Rolland comenta al respecto:
"Telemann, Hasse, Jommelli y los sinfonistas de Mannheim son los ríos
que se abrieron un camino hacia el porvenir. Como esos ríos se vertieron
en corrientes más grandes -Mozart, y Beethoven- que los absorbieron, los
hemos olvidado, en tanto que vemos siempre a lo lejos las grandes cimas.
Pero debemos ser agradecidos con los innovadores. La vida estaba en
ellos, y nos la transmitieron".
El nuevo 'estilo galante' que resultó de la polémica arriba esbozada
acentuaba, según Hugh Ottaway, la importancia de la comunicación y de la
sencillez. Así, Telemann, por ejemplo, decía que la música "... no debe
ser un esfuerzo, una ciencia oculta o una especie de magia negra ...
Quien escribe para la mayoría debe hacerlo mejor que quien escribe para
la minoría". Esta circunstancia señala claramente la aparición en aquel
momento de un público nuevo, el llamado público burgués. De hecho, los
conceptos de style galant y style bourgeois se convirtieron rápidamente
en sinónimos en lo que a la música se refiere. Resuelta del modo que
hemos descrito la polémica en torno a la homofonía y la polifonía, hubo
otras disputas en el transcurso del proceso evolutivo que sufrió la
música desde el 'barroco' al 'clasicismo'. Las principales de ellas
versaban sobre la ópera, también llamada 'melodrama'. La primera de
estas diatribas fue la ocurrida en Francia entre los partidarios de la 'ópera seria' ('música francesa') y los partidarios de la 'ópera buffa' (la
'música italiana'), surgida a raíz del tormentoso estreno en París en
1752, de La Serva Padrona, un intermezzo cómico original del compositor
napolitano Giambattista Pergolesi (1710-1736). Karl Geiringer describe
así los hechos:
"El efecto que causó esta comedia en todos los que asistieron a la
representación fue impresionante. Todo París se dividió en dos partidos,
a favor o en contra de la ópera, los cuales debatieron sus respectivos
puntos de vista, siguiendo la costumbre del momento, tan acaloradamente
con la pluma como con la espada. La polémica se desencadenó entre 'buffonistas'
y 'anti-buffonistas' ... Surgió toda una literatura en torno a la 'Serva
Padrona', cuyos autores fueron nada menos que Rousseau, Diderot, Laharpe,
Grimm y otros renombrados enciclopedistas. Incluso la todopoderosa Mme.
Pompadour y la familia real tomaron parte en esta disputa, que no
terminó hasta que la compañía de comediantes italianos fue expulsada de
París por una escueta orden de Luis XV. Pero incluso tras esta derrota
los buffonistas no se dieron por vencidos. Pierre Baurans ... tradujo
'La Serva Padrona', la reelaboró para uso de la escena francesa y
estrenó la nueva versión en 1754 ... bajo el título de 'La Servante Maitresse'. Esta versión corregida y aumentada de la obra tuvo
una decisiva influencia en la música francesa subsiguiente".
La 'ópera cómica' salió, por tanto, vencedora en este enfrentamiento
dialéctico, y pasó, de ser considerada como un subgénero, a formar parte
normalmente de los repertorios operísticos dieciochescos, tanto en
Francia como en el resto de Europa. La siguiente polémica se levantó en
torno a la 'ópera seria' de estilo italiano, de la mano del compositor
germano-checo Christoph Willibald Gluck (1714-1797). Este autor fue el
protagonista de la primera ofensiva sistemática contra ese tipo de
óperas, basada en el aria da capo (estructura A-B-A: el tema del
principio se repite al final) y la fioritura (virtuosismo vocal, muchas
veces improvisado), cuyo máximo representante en aquel momento era el
napolitano Niccoló Piccini (1728-1800). Arthur Jacob explica la
situación:
"Gluck dio a la música un papel más flexible y menos formal dentro del
drama. Con él, la expresión vocal se torna más dócil, más intensa, más
dinámica. Aún cuando un aria representa, a la usanza antigua, una
reacción estática a una situación, Gluck favorece una simplicidad de la
línea melódica, exigiendo del cantante una intensidad emocional en vez
de una capacidad para el canto florido ... Un arte semejante parecía a
sus adictos más natural, más fiel a la vida que los vuelos del barroco ;
y un gusto por esa naturalidad en la ópera seria era tan característico
de la época como el gusto por la liviandad y ausencia de pretensión de
la ópera cómica, o por la clara textura de la nueva música orquestal".
Lo que se suele entender como 'clasicismo musical' está sostenido por
tres pilares estilísticos: el rondó (un 'estribillo' que se repite
varias veces), y el aria da capo, heredados del período barroco, y,
sobre todo, la forma sonata clásica. Esta última , utilizada
profusamente como primer movimiento de sonatas, sinfonías y conciertos a
finales del XVIII, evolucionó a partir de sus antecesores barrocos a lo
largo de toda la centuria, con el paso intermedio de la sonata bipartita
de Domenico Scarlatti y sus afines, para alcanzar su máxima perfección,
tras los intentos pioneros de los hijos de J. S. Bach, a manos de los
compositores del clasicismo vienés (Haydn, Mozart y Beethoven). Su
estructura temática viene a ser la siguiente:
a) Exposición (Se presentan los dos motivos principales -temas 1º y 2º-
en las tonalidades tónica y dominante respectivamente ; culmina en una
codetta, que enlaza con la sección siguiente)
b) Desarrollo (Se juega, por diversas tonalidades, con los temas
enunciados en la 'exposición')
c) Recapitulación (Se formulan de nuevo los dos sujetos principales en
la tonalidad fundamental ; una coda final restaura la tonalidad básica).
FUENTES CONSULTADAS
FUBINI, Enrico, 1970 - La estética musical del siglo XVIII a nuestros
días, Barcelona, Barral
GEIRINGER, Karl, 1979 - Prólogo a la edición en partitura de bolsillo
de 'La Serva Padrona', Viena, Universal Edition
JACOB, Arthur, 1979 - Breve historia de la música occidental,
Caracas, Monte Avila
OTTAWAY, Hugh, 1972 - "Música y sociedad en la época de la
Ilustración", en VARIOS, Historia General de la Música
ROLLAND, Romain, 1955 - Viaje musical al país del pasado, Buenos
Aires, Ricordi
ROSEN, Charles, 1986 - El estilo clásico: Haydn, Mozart, Beethoven,
Madrid, Alianza
RUDÉ, George, 1982 - Europa en el siglo XVIII. La aristocracia
y el desafío burgués, Madrid, Alianza
VARIOS, 1972 - Historia General de la Música, Madrid, Istmo