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El Director Coral
y su Labor Educativa

por Jorge Córdoba Valencia
compositor y director (n. 1953 México)

 

Quien dirige, guía.  Quien guía, establece referencias. Y quien establece referencias debe tener la habilidad y experiencia para generar un contexto de desarrollo con el que, a fin de cuentas, pueda realizar una labor educativa.

Además de las muchas definiciones de la palabra Educación, pienso que educar es enseñar a apreciar, a valorar nuestro entorno a través de conocer y reconocer los elementos con los que se conforma un hecho histórico, un hecho científico o una obra artística; en nuestro caso, una obra coral y el sinnúmero de propuestas sonoras existentes.

He sabido acerca de algunos famosos y no tan famosos directores corales y los retos a los que se enfrentaron a lo largo de su vida y observé que algunas de sus constantes preocupaciones habían sido, cómo acercar a más público y  cómo generar más y más adeptos a esta maravillosa disciplina artística del canto coral.

¿Realmente el director coral puede atraer más público a sus actividades?
¿Realmente el director puede generar más y mejores practicantes corales?

Puede haber muchas respuestas que posiblemente polarizarían estos cuestionamientos, pero no es la idea de este escrito. La idea principal es invitar a reflexionar, a generar e intercambiar los muchos puntos de los que un Director se puede ayudar para lograr contestar los planteamientos mencionados.    

Pienso que el Director puede mejorar la apreciación del material que va a presentar a través de incluir en los programas de mano, una breve nota de cada obra y también una breve biografía del compositor, o cuando menos su fecha de nacimiento y en su caso, de fallecimiento, también su nacionalidad,  ya que toda esta información puede generar inmediatamente en el público asistente una referencia de tiempo, de ubicación en el desarrollo histórico de la música y paralelamente a todo esto, puede invitarlo a reflexionar en qué época de la vida del compositor fue compuesta la obra a escucharse, es decir darle elementos en los que apoye su audición y tenga así, otra manera de escuchar la música.

Otro punto importante es informar si la o las obras a presentar son primera audición absoluta o primera audición en el estado o país en donde se va a llevar a cabo la misma. Esto lo comento ya que al estar trabajando en el Centro Nacional de Investigación e Información Musical  del INBA (CENIDIM) y estar en contacto con investigaciones que se estaban haciendo sobre determinados compositores, me percaté de que en muchos casos las obras que aparecían en los programas de mano, carecían de toda información que ubicara a la obra en los puntos que en los párrafos anteriores he mencionado. Esto generó en mí una falta de referencia general y no me quedaba más que suponer y seguir suponiendo, porque no había otra manera de actuar al respecto. La diferencia era total cuando encontrábamos un programa con toda la información, el placer de la referencia se extiende de manera especial y permite -insisto- apreciar la obra de una manera más completa.

Haciendo una analogía con la acción de alimentarse, se podría comparar un programa de mano con la elaboración del menú de una cena familiar o de celebración por determinado hecho, en el menú se busca que sea adecuado a la ocasión, atractivo y sobre todo bien balanceado, es decir nutritivo y que no resulte pesado o demasiado ligero. El arte de elaborar  un menú o el programa de un concierto es una maravillosa oportunidad de alimentar emocionalmente, principalmente a nuestros coralistas y posteriormente al público que nos acompañe en esta degustación estética.

¿Tiene que pensar el Director en el público a quien va dirigido determinado programa? Respuestas hay muchas. Para algunos, el público que nos acompaña en los conciertos es tan lindo y noble, siempre sentado recibiendo lo que se le presenta,  y no le queda más que aceptar lo que se le dé. Otros consideran que su programa está preparado para que se pueda disfrutar como una buena cena; lamentablemente otros desconocen las propiedades nutricionales de los alimentos seleccionados y ocasionan una indigestión a través de programas saturados de grandes obras o de programas muy largos también saturados de pequeñas obras. El equilibrio, según Buda, es la clave.

Otro aspecto que considero de gran importancia es el de la programación general o MISIÓN de cada coro. Pienso que todo Director debe contemplar el presentar Programas didácticos, programas en los que se incluyan obras de compositores coterráneos, programas con obras de compositores latinoamericanos y programas con obras de otras partes del mundo y pienso que para armar una temporada de conciertos, el Director puede servirse de muchos pretextos y justificaciones: aniversarios, fechas especiales, temáticas específicas; en fin,  las posibilidades son ilimitadas.

Desde el punto de vista de la socialización, todo o casi todo ser humano tiene el deseo de pertenecer a alguien o a algo, y la actividad coral puede brindar esta posibilidad. No cabe duda de que se puede establecer un verdadero equipo e involucrar gradualmente a sus integrantes en la creación de un consejo consultivo para la programación general, para la realización del vestuario, para la organización del material (bibliotecario/a) y así concientizar a cada integrante de que el Coro es la resultante del esfuerzo y participación de cada uno de ellos. La referencia social y vivencial que se puede establecer a través del coro es enorme y puede llegar a ser trascendental en la vida de muchos de sus integrantes y de sus respectivas familias creándose así, una nueva y gran familia. 

El director, a través de sus códigos de conducta, puede llegar a formar un coro sociable, amable, feliz de lo que es, capaz de entender su realidad y también de tener la posibilidad de transformarla. Convencido estoy de que un Director y su interacción con el coro bajo su cuidado, puede llegar a convertirse en un reivindicador de los valores humanos y de la idiosincrasia de su país.

Invito a todos los Directores experimentados, a los de mediana experiencia y a los jóvenes Directores a enriquecer de la manera que puedan los aspectos comentados de nuestra apasionante actividad, pensando siempre en los coralistas, en los cantantes, en los seres humanos que integran nuestros coros y en la sociedad a la que pertenecemos. Los valores existen y siempre han existido, lo que tenemos que reencontrar es la manera de transmitirlos y el Amor por el canto coral y la inteligencia para inculcarlo nos puede conducir a lograr una mejor Humanidad.

Con todo lo mencionado, pienso que la respuesta a varias de las preguntas planteadas a lo largo de esta reflexión es : sí, definitivamente sí.

 

 

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