logo for musicaclasicaymusicos.com

Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 5)

10 AÑOS EN LA FUERZA AÉREA (1967-1976)

PRIMEROS CINCO AÑOS EN LA BANDA SINFÓNICA (1967-1971)

Apenas terminó mi servicio militar sucedió una casualidad milagrosa.  En Castelar, Liliana tenía una vecina cuyo novio tocaba el clarinete en la Banda Sinfónica de la Fuerza Aérea. Esta banda tenía un nivel muy superior a la del Ejército. Uno de sus oboístas, Enrique Avolio, se había retirado, y justamente la Banda estaba por llamar a concurso para pasar de 70 a 90 músicos. El clarinetista de Castelar, Alberto Quintana, se enteró que Liliana tenía un novio oboísta y nos propuso que yo me presentara al concurso.

Justo cuando estaba por cumplir los 22 años, recibí una citación para presentarme el día 22 de agosto de 1966 a las 8 horas, en Arévalo 2026. La dirección correspondía a la sede que la Banda tenía en esa época, un antiguo edificio ubicado en Arévalo y Nicaragua, con forma de U, de dos pisos de alto a lo largo de toda la U, rodeado de jardines abandonados, y un gran patio en el interior de la misma, con galerías y columnas. En el fondo había una zona de tierra con una entrada para vehículos, en donde siempre estaban estacionados los dos ómnibus de la Banda, dos Mercedes Benz azules, alemanes, cuyas patentes y conductores todavía recuerdo: el 4908, conducido por Siciliani y el 2057 conducido por Loguercio. Cuando ingresé, elegí el 4908, que era donde viajaba el director de la banda, Capitán Armando Nalli, y me sentaba siempre en el mismo asiento, segunda fila a la derecha, ventanilla. Nadie quería ocupar ese lugar por dos razones muy valederas: primero, porque estaba arriba de la rueda y segundo y principal, porque estaba justo detrás del Capitán Nalli...

El edificio tenía un cartel que decía "Asociación Armenia" y era conocido como el "Club Armenio". Nunca vi ningún armenio, pero luego me enteré que, en sus orígenes, el edificio había sido sede de un asilo  para niños y  niñas  judíos. Varias veces, siendo ya suboficial, subí al segundo piso, que estaba abandonado y lleno de telarañas y deposiciones de palomas, y permanecí mucho tiempo leyendo las inscripciones que habían escrito esos chicos en los marcos de las ventanas, muchos años antes. Después que la Banda se fue del edificio, allá por el año 1970, lo ocupó la línea de ómnibus 57 "Atlántida" (Palermo-Luján), que lo utilizó como terminal.

Volviendo a mi presentación en el concurso,  cabe mencionar una anécdota insólita y divertida. Resulta que, después de nueve años de coro, yo podía entonar a primera vista cualquier melodía en clave de sol o en clave de fa. Incluso había llegado a dirigir  dos coros en Castelar. Pero en realidad yo nunca había practicado solfeo. Entiéndase por "solfeo" esa práctica  de recitar o entonar las notas mencionando el nombre de cada nota y al mismo tiempo moviendo la mano y marcando los tiempos de cada compás.

Éramos 19 jóvenes aspirantes, ejecutantes de diferentes instrumentos. El "tribunal" estaba formado por un grupo de suboficiales músicos (que después serían mis compañeros durante años). Primero había que rendir "solfeo" y luego "instrumento". Trajeron un antiguo método titulado "Solfeo de los solfeos" y abrieron cualquier página. Yo intenté solfear y por supuesto me trababa a cada nota. Finalmente cedí y les dije: "lo que pasa es que no sé solfear". Yo tocaba el oboe, dirigía coros, y no podía solfear. Los tipos no lo podían creer. Insistieron varias veces sin resultados positivos. Entonces yo les dije: "si quieren, lo toco con el oboe". Aceptaron, y les toqué a primera vista todos los solfeos que me pusieron por delante.

Como no me podían dar por aprobado el examen de solfeo decidieron buscar al director de la Banda, (el "Tano Nalli"), que ya en esa época era un hombre mayor con el pelo todo blanco e inspiraba respeto en algunos y terror en otros, y que tenía su oficina en el segundo piso. Si la memoria no me engaña, había comenzado a formar  esa banda desde la creación de la Fuerza Aérea, en 1945. Cuando el "Tano" bajó, le explicaron el problema. Otra vez toda la historia  y otra vez la ejecución con el oboe. Finalmente, como les hacía falta un oboe para reemplazar al recientemente retirado Avolio y yo era el único "oboísta" que se había presentado, el "Tano" sentenció, con el acento italiano que nunca perdería: "eh, caraco, acá se viene a tocar, no a solfear"... Fue la primera vez que escuché la expresión "eh, caraco", que volvería a escuchar infinidad de veces durante esos primeros cinco años de Banda Sinfónica... eh, caraco...

Conclusión: ingresé en la Fuerza Aérea con el grado de cabo primero. Estuve cinco años en la Sinfónica (1967-1971) tocando todo tipo de música, desde la Sinfonía del Nuevo Mundo (no en mi menor sino en ¡¡¡ MI BEMOL MENOR !!!) hasta tangos, folklore y marchas.  Cinco años después, para poder ascender a suboficial principal, tuve que aprender no sólo a solfear sino también aprenderme de memoria toda la Teoría de la Música de Alberto Williams, la misma que mi mamá les enseñaba a sus alumnos de piano. Y además toda la historia argentina. Y además todos los reglamentos militares...

El "Tano" hizo bien en permitirme ingresar porque, a partir de ese día, comencé a corregirle montones de errores que había en la música que él había transcripto pacientemente a lo largo de cuarenta años. Como yo además estaba en la Biblioteca del Collegium Musicum y tenía a mi disposición muchísimas partituras de orquesta, cada vez que yo escuchaba alguna nota falsa,  iba y verificaba y, al día siguiente, partitura en mano, frente a la mirada atónita de toda la Banda, le decía: "Maestro: aquí hay un error". Toda la Banda reprimía una mueca cómica y esperaba que "el Tano" me fusilara. Pero el anciano, que al principio se quedaba mirándome como si yo fuera un extraterrestre, después comprendió que yo siempre tenía razón y ellos hacía cuarenta años que estaban tocando esa nota mal... Yo también comprendí que no debía hacerle las correcciones delante de toda la Banda, así que me acostumbré a ir a verlo a su oficina y él me permitía entrar sin demasiados anuncios, como hubiera correspondido según el reglamento y la tradición militar, eh, caraco... Al día siguiente buscaba casualmente el lugar indicado y decía: "aquí tenemos un error" y toda la banda sabía que por ahí había pasado yo...

Claro que también se tomaba sus venganzas. Recuerdo que una vez todos los instrumentinos teníamos que tocar una serie de rápidos arpegios disminuidos ascendentes y descendentes "staccato" en una tormenta de "Rigoletto". No salía y no salió hasta la hora de retirarse. Entonces nos dijo: "se quedan estudiando hasta que les salga; al que le sale, sube a verme, la toca y se va a su casa". Nos pusimos a estudiar en el acto. Éramos cuatro flautas, tres oboes, dos clarinetes y un clarinete pequeño. Algunos consiguieron que "les saliera" en media hora. Otros, en una hora. Yo me quedé solo y estuve sufriendo hasta las cinco de la tarde, sin conseguir dominar el pasaje. Mis dedos y mi lengua no se ponían de acuerdo. Finalmente me decidí a subir y le dije: "Maestro: estudié cinco horas seguidas pero no me sale"... El Tano ya se había olvidado de Rigoletto y de los instrumentinos y ni se acordaba que yo estaba abajo estudiando. "Eh, caraco, ¿qué hace acá a esta hora?, váyase a su casa"... (Yo salí corriendo, pero no para ir a mi casa, sino porque entraba a las cinco y media a la Biblioteca del Collegium...).

El "Tano" descubrió en mí virtudes que yo desconocía y me ofreció muchas veces hacer el curso para maestro de banda y transformarme en un brillante oficial de la Fuerza Aérea, pero yo pensaba que no tenía carácter para ser jefe  ni mucho menos espíritu militar y, por otra parte, lo más probable era que me enviaran como maestro de alguna banda militar de una base aérea del "interior" del país. Yo prefería seguir siendo un humilde suboficial músico pero en la mejor banda del país.

Además de "eh, caraco", el Tano me enseñó algunas otras frases, con su correspondiente significado. Por ejemplo "es así", refiriéndose a algo que es inútil tratar de cambiar, por más que uno se empeñe. Otra era "de esto depende...", refiriéndose por ejemplo, a que si tocábamos tal música tal día y en tal lugar nos iba a escuchar tal jefe y entonces iba a suceder tal cosa que nos beneficiaría y cambiaría todo a favor de la Banda... cosa que por supuesto jamás sucedía y, por lo tanto, "de esto depende..." se transformó para todos (y para él también) en una muletilla vacía de contenido, mezcla de broma y desesperanza...

Entre los 19 aspirantes que rindieron conmigo hubo algunos que muchos años después accedieron a cierta "fama". Uno de ellos fue el gordo Roberto "Fats" Fernández, trompetista que llegó a descollar como solista de jazz. No había borceguíes capaces de albergar sus enormes pies, así que tenía que practicar "marchas y marchas" en zapatillas. Otro, aunque menos conocido, fue Horacio Cabarcos, hijo de Fernando Cabarcos, ambos contrabajistas y dedicados al tango. Fernando ya estaba en la Banda y además formaba parte del dúo Leopoldo y Federico (en realidad un dúo de tres) hasta que falleció muy joven en esa época. Horacio era un adolescente cuando entró en la Banda, no muy alto pero con mucha "pinta" y con hermosos ojos claros. Ahora, fines de 2005, lo vi por televisión, totalmente canoso pero igualmente "pintón", tocando tangos con una orquesta en la Casa Rosada. Integra también el Consejo Directivo de la Asociación Argentina de  Intérpretes Musicales (AADI) y la orquesta denominada "Seleccionado Nacional de Tango".

También fueron compañeros de Banda otros monstruos, como los hermanos Tenreyro, especialmente Nimar y Mario. Nimar, que falleció hace muy poco, tocaba clarinete y saxos y dirigía la banda de jazz. Mario es cornista en la Sinfónica Nacional, pero en esa época, además del corno tocaba la batería en la banda de jazz y lo hacía muy bien. Y muchos otros que fueron a dar a diferentes orquestas en Buenos Aires y en otros lugares del mundo, tales como los hermanos Aldo y Mario Cesarini (los dos fagotistas y oriundos de Bahía Blanca), el también fagotista Carlitos Storani, el cornista Ricardo Nalli (hijo del "Tano"), o el flautista Leo Gips, que fue a ser segundo de Sergio  Feidman en una de las orquestas de Israel.

Una anécdota graciosa que siempre recuerdo fue para un 25 de mayo. Teníamos que estar en Mar del Plata para tocar el domingo a la mañana pero primero había que dejar grabado un programa en Canal 7, el sábado a la noche. Era cuando el Canal 7 estaba en el subsuelo del edificio "Alas", en Paseo Colón y Viamonte. El maestro había resuelto que fuéramos al canal con los equipajes, para salir hacia Mar del Plata directamente después de la grabación. Estuvimos dos o tres horas probando micrófonos, ensayando y grabando para un programa que duraría una hora. Al terminar, cansados por lo realizado y también cansados de antemano por todo lo que nos esperaba en las siguientes 24 horas, mientras ya estábamos guardando nuestros instrumentos, se oye por los parlantes la voz del director del programa que dice: "no se vayan todavía, se empastó la cabeza y tenemos que hacer todo de nuevo"… Otra frase célebre: "se empastó la cabeza"… algo así como el famoso "perdimos, perdimos, perdimos otra vez" de Les Luthiers.

Con la Banda grabamos varios discos, de los cuales recuerdo especialmente dos: uno del Himno Nacional con los Quilla Huasi y otro con todos los Himnos Nacionales de todos los países americanos.

Para leer la página siguiente (pág. 6), clic aquí

Para ir al Índice, clic aquí

Para publicar un Comentario, clic aquí

 

volver a Artículos

volver a Home