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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 28)

ORQUESTA DEL CONSERVATORIO (1997-1999)

Si la historia de "Conjunto Instrumental" es extraña y divertida, mucho más lo es la del "Espacio Institucional Alternativo Orquesta-Banda I y II", materia que apareció tres años después de  la creación de la "Orquesta del Conservatorio".     

Desde el principio, la historia comenzó con un especial equívoco. En julio de 1997, antes de las vacaciones de invierno, el Director Eduardo González Velasco (llamado cariñosamente "Lito" por alumnos y profesores) y su esposa, la Profesora Lidia Britos, que tenía el cargo de Jefa de Área, me citaron para decirme que tenían la idea de formar una orquesta y me preguntaron a quién les podía recomendar como director. Después de un corto repaso de los tres o cuatro directores de orquesta que vivían en Bahía Blanca y su inmediato descarte por parte de Lito y Lidia, me confesaron que, en realidad, lo que ellos pretendían era que yo mismo fuera el director. Lógicamente les contesté que yo no era director de orquesta, pero ellos preferían que el director de la Orquesta del Conservatorio fuera un profesor del Conservatorio y consideraban que yo era la persona indicada. Además... no tenían fondos...  Y como la orquesta sería una actividad "extra-curricular", tampoco disponían de horas cátedra… Les pedí tiempo para pensarlo y lo pensé durante las vacaciones.

Casualmente por esos días apareció en "La Nueva Provincia" un chiste que tenía mucho que ver con esta situación. Era de Lorenzo y Pepita. Dos empresarios lo van a ver a Lorenzo y le ofrecen con insistencia trabajar para ellos. Lorenzo no comprende tanto empeño. Ellos le contestan: "es que habiendo trabajado tanto para el Señor Díaz, Usted ya debe estar acostumbrado a trabajar mucho y cobrar poco"... Inmediatamente recorté el chiste y lo pegué en la primera página del cuaderno que todavía conservo y que sería mi "cuaderno de bitácora" de la "Orquesta del Conservatorio", con la leyenda "Lito y Lidia tratando de convencer a Carlos para que se haga cargo de la Orquesta del Conservatorio".

Por supuesto no existía un lugar adecuado para ensayar con una orquesta, no existían partituras, no existían atriles y sólo teníamos la promesa de colaboraciones difusas por parte de la Cooperadora, los profesores y los padres de los futuros integrantes de la orquesta. La Cooperadora no estaba en condiciones de comprar las partituras y los demás elementos para poder comenzar. Les ofrecí encargarme de solicitar la música a diferentes editoriales y abonarlas mediante mi tarjeta Visa internacional y que la Cooperadora me fuera restituyendo los dólares a medida que pudiera. La Dirección de la Orquesta Sinfónica accedió a permitirme utilizar libremente su archivo para fotocopiar.

También discutimos acerca del nombre y decidí que el mejor nombre sería simplemente "Orquesta del Conservatorio". Muchas veces fuimos anunciados como "Orquesta Juvenil del Conservatorio", "Orquesta Sinfónica del Conservatorio", etc., pero yo aclaraba que no era sinfónica, porque no tenía los instrumentos ni el número de una sinfónica, y tampoco era juvenil, ya que estaba compuesta por alumnos de todas las edades.

La Cooperadora y la Dirección del Conservatorio encontraron un lugar en donde realizar los ensayos: la Escuela de Danza, pero sólo los sábados por la mañana, cuando la Escuela no funcionaba y estaba cerrada. Había que contratar a una de las porteras de la Escuela para que nos abriera la puerta a las 9.30 y cerrara la puerta a las 13, ya que decidí ensayar de 10 a 12.30. Lógicamente, la Cooperadora se hizo cargo del pago de las horas y el colectivo a la  portera, gasto para el cual conseguieron  el dinero, con lo cual también se puso en evidencia otra costumbre argentina (siempre hay plata para sonidistas, iluminadores, acomodadores, boleteros, locutores, fleteros, vendedores de maní con chocolate y porteros, pero los músicos pueden trabajar por amor al arte). Con el correr del tiempo, en varias oportunidades tuve que adelantarle sus pagos a la portera para poder continuar con mi tarea, debido a los atrasos de varios meses por falta de fondos de la Cooperadora. También nos enteramos de que los estudiantes de danza SÍ usaban la Escuela los sábados por la mañana y, cuando utilizaban el escenario principal, colocaban la amplificación con tal volumen que en ninguna de las aulas podíamos ensayar...

La primera reunión formal de la futura Orquesta fue el 27 de septiembre de 1997, con la presencia de 32 alumnos. También estaban los directores, jefes de área, directivos de la Cooperadora  y los  profesores Arminda Claro y Gustavo Kamerbeek.

ESPACIO INSTITUCIONAL ALTERNATIVO ORQUESTA y BANDA I y II (2000)

El año 2000 trajo consigo una importante novedad. Se agregaron a la currícula dos nuevos "espacios institucionales", "Orquesta" y "Banda", para que los alumnos cursaran a su paso por los Ciclos Superiores I y II. Las autoridades del Conservatorio decidieron que los estudiantes de cuerdas cursarían dos años de "Orquesta", aprovechando que el Conservatorio ya contaba con una orquesta, los sábados de 11 a 13 en la Escuela de Danza, y los estudiantes de vientos y percusión cursarían dos años de "Banda", los miércoles, de 20 a 22, en la Escuela Nº 18. Para que yo pudiera hacerme cargo de la nueva materia, decidimos pasar directamente dos de mis horas de oboe y dos de mis horas de Práctica de Conjunto. Así fue como terminé dictando la nueva materia modelo 2000.   De paso, aprovecho para agregar que, desde el año 1997 hasta el momento de escribir estas líneas, noviembre de 2005, incluyendo la Orquesta del Conservatorio y los grupos del Espacio Orquesta y Banda, he dirigido más de 70 (setenta) presentaciones en todo tipo de escenarios (veredas, calles, escuelas, clubes, iglesias, teatros... hasta en el Teatro Colón y el Presidente Alvear, en Buenos Aires...) y en diferentes ciudades (Buenos Aires, Tres Arroyos, Trenque Lauquen, Pehuajó, Punta Alta, Sierra de la Ventana, Saldungaray, Ingeniero White). El archivo de Orquesta y Banda que formé (comprando, fotocopiando o escribiendo) cuenta con 102 partituras, de las cuales 43 son arreglos,  transcripciones o realizaciones de bajos continuos compuestos por mí.

Desde que el Conservatorio consiguió ocupar el edificio del Colegio Hispano, el Espacio "Banda" y "Orquesta" tiene por fin un lugar más o menos adecuado para ensayar, donde hay un piano de cola y además podemos tener a mano el mueble con las partituras. La pena es que los atriles, que conservamos durante tantos años y con tanto cuidado, se fueron perdiendo, rompiendo o desparramando por todo el edificio.  

Quizás valdría la pena hacer un comentario acerca de las diferencias entre ser director de la ex - "Orquesta del Conservatorio" y ser profesor del "Espacio Orquesta-Banda".

Lito y Lidia me encomendaron formar una orquesta, una orquesta que sería la  representación de la Institución frente a la comunidad. Yo lo asumí como una carga pública y me rompí el alma y el lomo para llevarla adelante. Fui al diario, a las radios, a la televisión, busqué dinero por todas partes y  puse cualquier cantidad de dinero de mi propio bolsillo, conseguí partituras y realicé numerosas transcripciones y arreglos.   Cada vez que teníamos una presentación pública, me preocupaba por perseguir y rogar a mis compañeros de la Sinfónica para que me asistieran, reemplazando los instrumentos faltantes. A partir de 1999 aprendí a utilizar el programa "Encore" para poder hacer los arreglos con la computadora. Compré carpetas y un mueble en donde guardar las carpetas y fui formando un archivo. Busqué lugares en donde tocar y logré que mucha gente conociera la Orquesta y constantemente llamaran al Conservatorio para solicitar sus servicios. Llegué a comprar 22 atriles negros, todos iguales, con 22 carpetitas de cartulina verde, que nos acompañaron a todos lados. La Orquesta tenía un número de integrantes que siempre giraba alrededor de los treinta alumnos, de todos los niveles y que venían por gusto y no por obligación. Yo trataba de inducir en los alumnos el compañerismo y la solidaridad. Llevé a los ensayos infinita cantidad de chupetines y otras "delicatessen" y algunos padres nos enviaban tortas para endulzarlos. Grababa y filmaba los conciertos y doné a la Biblioteca las copias de los videos. A fines de año invitaba a todos los integrantes de la Orquesta a reunirse en mi casa para pasar el día y aprovechábamos para ver las filmaciones, con espíritu crítico y con la idea de mejorar. Varios alumnos permanecieron en la Orquesta durante años, desde que cursaban los primeros niveles hasta los últimos años de la carrera. Cada principio de año, no esperábamos hasta que comenzaran las clases, sino que yo los citaba un mes antes, para poder tocar el Himno Nacional y la Marcha Mi Bandera en el acto de comienzo de las clases.

A partir de 2000, transformada en una materia a cursar, poco a poco se fue perdiendo esa mística de los primeros años, al mismo tiempo que los alumnos adelantados se iban alejando, en pos de otros horizontes. Hicimos nuestro último viaje como "Orquesta" en el año 2003. Ahora los alumnos cursan por obligación sus dos años y desaparecen. Nadie lleva chupetines ni tortas ni hay padres que se interesen. No ando de radio en radio ni de canal en canal, promocionando nuestro trabajo ni vienen del diario a hacernos una nota. Nadie llama para solicitar "La Orquesta" para tocar aquí o allá.  No puedo citar a los alumnos un mes antes del comienzo de las clases, ni estamos en condiciones de tocar el Himno Nacional. Este año, 2006, existe un grupo de cuerdas de alrededor de siete u ocho alumnos y un grupo de vientos y percusión de más o menos el mismo número, menos de la mitad que aquel primitivo grupo del año 1997. Yo mismo tardé en convencerme de que ésta no es más la "Orquesta del Conservatorio" y que Lito y Lidia hace muchos años que viven en Buenos Aires. Sigo haciendo arreglos y consiguiendo materiales para estudiar y tocar, pero ya no me preocupo por llegar media hora antes para acomodar todas las sillas y los atriles. No me hago mala sangre ni me quedo sin dormir porque no tengo nadie que toque la parte de contrabajo ni salgo corriendo a rogarles a los contrabajistas de la Sinfónica para que alguno me haga el favor de venir a tocar para el concierto de fin de curso. Como me dijo uno de los directivos, "ésta es una materia, una como tantas otras".

APRECIACIÓN MUSICAL EN LA  ESCUELA SUPERIOR DE ARTES VISUALES 

En 1985 se abrió el Ciclo Superior en la Escuela Superior de Artes Visuales. Una de las materias en el primer año era "Apreciación Musical". Por esa época parecía que yo era la única persona en Bahía Blanca habilitada para dar esa materia, así que yo presentaba mi carpeta en el Consejo Escolar e inmediatamente tomaba la materia.

Así fue que tuve la oportunidad de conocer un ámbito totalmente diferente a lo que yo estaba acostumbrado en el Conservatorio. Para comenzar, todos los alumnos que yo veía eran adolescentes o adultos. Nunca veía niños. Quizás tenían otros horarios. Los alumnos fumaban y/o tomaban mate en las aulas y entraban y salían de las clases en cualquier momento e inclusive  salían a la calle a comprar cigarrillos y otras cosas. Como mi aula daba a la calle, se producían diálogos a través de la ventana, entre los que habían salido y los que quedaban adentro. Yo nunca me animé a "poner orden" según lo que yo imaginaba que debía ser una clase, aunque lo conversé con ellos y ellos nunca comprendieron el "orden monacal" que existía en el Conservatorio.

A los alumnos de Artes Visuales les resultaba totalmente imposible discriminar entre un madrigal del siglo dieciséis y una sinfonía del siglo veinte. En esa época yo estaba trabajando con el Cuarteto Arte y con otros grupos y los invitaba a los conciertos. Lógicamente también los invitaba a los conciertos de la Sinfónica. Pero el resultado era más o menos el mismo que si un profesor de Artes Visuales invitara a los alumnos del Conservatorio a una exposición de pinturas o esculturas. Sin embargo hubo tres alumnos, un hombre y dos mujeres, que se manifestaban interesados en la música y se hicieron "habitués" a los conciertos. El señor era un pastor evangélico, de nombre "Jerónimo", y las dos señoras tenían apellidos parecidos, las dos con "ch": Chamorro y Echave. Echave era ni más ni menos que Adriana Echave, con cuya familia terminamos siendo amigos íntimos durante muchos años.

La liviandad con que los alumnos tomaban la materia y la relajación general en el comportamiento dentro del aula motivaron varios desencuentros o, más bien, encontronazos, entre algunos alumnos y yo. Después de tres años presenté mi renuncia y así, culminó mi corto paso por Artes Visuales.

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