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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 25)

CUARTETO BARROCO  (1986/1988  y  1992)

Con Gabriela Rodríguez, Danilo Grimoldi  y Florencia Rodríguez Botti, (hermana de Gabriela y en ocasiones reemplazada por Nora Lasdica), formamos y volvimos a formar lo que se llamó el "Cuarteto Barroco". Tanto ellos como yo ya habíamos tenido experiencias anteriores en este tipo de música, en la que una parte está escrita y otra buena parte surge de la improvisación o más bien del conocimiento de cómo debe ser ejecutado lo que no está escrito.

Nos entendíamos perfectamente. Gabriela y yo, por un lado, haciendo las partes "cantantes", con las flautas dulces o con flauta y oboe, y Danilo y Florencia, ocupándose del "bajo continuo" con el cello y el clave.

Generalmente, en la música de este período, cuando dos instrumentos cantan hay uno que va imitando lo que hace el otro. Luego, en la repetición, se realizan ornamentaciones. Se supone entonces que el que va imitando tendría que imitar también las variaciones que va improvisando el primero. Es decir que, a medida que uno toca lo que está escrito, está escuchando qué variaciones está haciendo el compañero, para luego poder imitarlas... algo complicado... Con Gabriela competíamos para hacer las variaciones cada vez más difíciles y así poner a prueba a quien debía imitar, a veces ella y a veces yo. Por supuesto que el imitador siempre imitaba perfectamente. Mientras Gabriela y yo nos enfrascábamos en estas finas disputas, los ejecutantes del bajo continuo se aburrían, haciendo su mecánico acompañamiento...

El estudio de las partituras del barroco no nos resultaba para nada complicado y era más bien un juego o un pasatiempo. Nos divertíamos bastante y las bromas eran constantes.

En una oportunidad conseguimos un cuarteto de un autor contemporáneo, Henry Cowell, pero que estaba escrito como si fuera especial para un grupo barroco, ya que sus instrumentos eran flauta, oboe, cello y clavicembalo. Nos llamó mucho la atención y comenzamos a estudiarlo. Claro que, dijimos, si llegamos a tocar esta obra vamos a tener que cambiar el nombre al grupo: por ejemplo "Cuarteto Barrocontemporáneo".

Como algunas veces tocábamos tríos y otras veces hacíamos dúos, borramos la partícula "cuar" (de "cuarteto") y sólo quedaba un más general "teto". Y previendo que también podría suceder que tocáramos música del clasicismo y del romanticismo surgió la más complicada y amplia denominación posible: "Teto Barroclanticoráneo".

Danilo había preparado, en broma, claro está,  un folleto con el curriculum del cuarteto. Como éramos tres parientes y un extraño, en el folleto se podía leer:

"El Cuarteto Barroco está integrado por un matrimonio, dos hermanas, un cuñado, una cuñada, un amigo y cuatro integrantes de la Orquesta Sinfónica... reúnen en su grupo dos sexos, dos estados civiles declarados y cinco hijos legítimos... el promedio de edad es 31,5 años y el de altura 1,71 m., lo que los obliga a dedicarse a su arte en la capital del básquetbol... Como si todo esto fuera poco, encima dos de ellos usan barba... En sus numerosas presentaciones han sido calurosamente ignorados por públicos tanto del interior como del exterior... los más sufridos de sus integrantes inclusive se dedican a la docencia..." (vale aclarar que, durante todo el año 1986, usé una frondosa barba negra).

El Cuarteto Barroco tuvo una activa actuación entre los años 1986 y 1988 y una furtiva reaparición, como Cuarteto Barroco de la Orquesta Sinfónica, en 1992.

MI ÚLTIMO GRUPO DE CÁMARA:
QUINTETO DE VIENTOS DE BAHÍA BLANCA  (1995-2000)

Después de las frustraciones con el Quinteto de Vientos Municipal y con el Quinteto de Vientos Arte tuve un largo período de "desquintetización" obligada,  llenado en parte por los otros grupos más o menos "comerciales". En algunas oportunidades casuales y bajo el auspicio de la Orquesta Sinfónica, se formó un "Quinteto de Vientos de la Orquesta Sinfónica" con la fagotista Zully Alvarez en reemplazo de Bernato, con el cual realizamos algunas presentaciones, inclusive en el Teatro Auditorium de Mar del Plata.  

Entre 1992 y mediados de 1994 el director titular de la Orquesta Sinfónica fue justamente mi "viejo amigo" Jorge Fontenla. A partir de su renuncia, en mayo de 1994,  durante un año nos quedamos sin director. Durante ese período tuvimos muchos directores invitados pero no hubo conciertos de cámara y lamentablemente se deshicieron los grupos "artístico-comerciales" que se habían desarrollado durante la época de Gantzer.

En medio de esta situación, en abril de 1995, se me apersonaron cuatro compañeros, Gabriela Rodríguez (flauta), Diego Casoni (clarinete), César Inchausti (corno) y Zully Alvarez (fagot), para proponerme la formación de un nuevo quinteto de vientos. Este grupo, según sus propias palabras, no tendría nada que ver con los "circuitos de cámara comerciales" de la Sinfónica, que habían tenido amplio desarrollo en la década anterior. No sería un grupo para "currar" sino para estudiar seriamente y tratar de hacer música de la mejor categoría.

La idea me pareció sublime: la música por la música misma, por amor al arte. Me tomé mi tiempo para pensarlo, unos dos segundos, y acepté (aunque proponiéndome secretamente que ésta sería la última oportunidad). Esta era la primera vez que no era YO quien trataba de armar un grupo sino que el grupo venía a buscarme A MÍ. Eso garantizaba que yo no tendría que ser el director, arreglador, secretario de actas, archivista y chofer del grupo sino, democráticamente, uno más.

Pero… no pudo ser... Mis compañeros no poseían música para quinteto. Yo, en cambio, tenía una buena colección de partituras, la mitad de ellas nunca antes estrenadas. Puse, pues, mi colección al servicio del nuevo grupo y "me puse" a arreglar nuevos tangos y re-instrumentar otros tangos que estaban en versión "cuarteto" y me encargué, por mi propia cuenta, de hacer propaganda en los medios, sacar fotos, grabar y filmar los ensayos. Preparé un cuaderno para ir guardando las fotos, programas, recortes y comentarios de los diarios. Como a algunos de mis compañeros no les gustaban las cámaras ni los estudios de grabación, radio o televisión, conseguí que el periodista Carlos Quiroga accediera a asistir a uno de los ensayos con un camarógrafo y nos dedicara uno de sus programas de televisión titulados "Qué están haciendo", que luego fue retransmitido en diferentes oportunidades.  Cuando por primera vez pude viajar con mi familia a Estados Unidos, en enero de 1996, me reservé una tarde para ir a ver música para quintetos de vientos y traje unas cuantas partituras que engrosaron mi colección (y adelgazaron mis bolsillos) y prestamente fueron devoradas a primera vista por el quinteto apenas volví del viaje. Al reanudarse los conciertos de cámara pagos auspiciados por la Sinfónica, lógicamente me convertí en director y animador de los conciertos didácticos del quinteto y preparé diferentes arreglos  sobre música infantil, (sin parte de oboe, para que yo pudiera dirigir al grupo y al auditorio), tales como el "Cumpleaños feliz", "Manuelita", "Todos tenemos que practicar", etc., para hacer que los niños cantaran con nuestro acompañamiento. También mantuve algunas conversaciones telefónicas a Barcelona con el Maestro Jordi Mora, tratando de coordinar un imposible viaje del Quinteto a esa ciudad y/o a Reus, ("ciudad hermana" de Bahía Blanca).

Decidimos ensayar todos los miércoles de 9 a 11 en la casa de César. Los ensayos estaban regados por mate, café, galletitas y todo tipo de "delicatessen". Dedicamos una buena parte del primer ensayo a buscar un nombre para el grupo. Las chicas proponían "Quinteto Abril", por haber comenzado en el mes de abril. También se hablaba de "Quinteto Franz Danzi" o "Quinteto Reicha", en honor a estos dos compositores que dedicaron buena parte de su obra a este tipo de formación. Finalmente tuvo éxito mi propia idea, un tanto fría y burocrática: "Quinteto de Vientos de Bahía Blanca".

El grupo realmente comenzó con mucha energía y decidido a ensayar con el único objetivo de llegar a un nivel de perfección artística, sin interesarnos las presentaciones públicas ni el dinero. A tal punto que recién después haber ensayado durante casi cinco meses consideramos que ya estábamos preparados para nuestra primera presentación pública, en septiembre de 1995.

En ese momento la pareja de bailarines de tango "Sergio y Adriana" tenía mucho éxito con sus clases de tango en la Municipalidad. Se me ocurrió invitarlos a participar en nuestro debut, bailando algunos de los arreglos de tangos y milongas que yo había preparado. De esa forma yo consideraba que íbamos a poder "meter" más gente en la Biblioteca Rivadavia, contando con que la mayoría de sus alumnos concurrirían (también es cierto que en el programa de televisión de Coca Cenci prometí que a la salida íbamos a repartir caramelos).

Y así sucedió. El debut, con Sergio y Adriana, tuvo lugar el 9 de septiembre de 1995 y el salón de la Biblioteca estaba absolutamente repleto. Jamás en mi vida lo había visto de esa forma y jamás lo volví a ver. En nuestros conciertos con el Cuarteto Arte nunca habíamos tenido más de 100 personas y esta vez entraron 350 (según Gustavo Monacci, Director de Cultura de la Biblioteca), aunque nunca se supo si se llenó por el Quinteto, por Sergio y Adriana, o por los caramelos que, en cumplimiento de nuestra promesa, repartimos a la salida.

De esta época hay dos anécdotas que merecen ser recordadas.  La primera tiene que ver con Xavier, hijo de César, que en en el  momento de escribir estas líneas, cuando tiene 15 años, está estudiando violín en Viena. En los últimos tres años Xavier tocó, con la Sinfónica de Bahía Blanca, tres de los conciertos más importantes y quizás los más difíciles del repertorio: el de Beethoven, el de Mendelssohn y el de Chaicovsky. Como dije, solíamos ensayar los miércoles de 9 a 11 en casa de César, que también era organista y afinaba pianos. En el living estaba su hermoso piano de cola y muchas veces había  otro piano o algún teclado electrónico. Mientras ensayábamos, su hijo Xavier estaba durmiendo. Solía despertarse cerca de las once y presenciaba los últimos minutos del ensayo. Un buen día, apenas aparece Xavier, quizás tenía siete u ocho años, con su pijama y su carita de dormido, César le dice: "mostrales a los muchachos lo que sabés hacer"… Xavier se sentó al piano y tocó, de memoria, un movimiento de una sonata de Mozart. Casi nos caímos de las sillas. Nunca nos habíamos enterado que estudiara piano… Pero poco tiempo después, quizás un año más tarde, otra vez la misma escena, esta vez con un violín. Nadie sabía que Xavier tocaba el violín. Con la misma cara de dormido tomó el violín y tocó, de memoria, el primer movimiento de un concierto de Vivaldi…  

La segunda anécdota tiene que ver con César y con la solidaridad de algunos compañeros músicos. César estaba haciendo sus primeras prácticas con la escritura de música mediante la computadora. Nos dijo que había pasado a la computadora un viejo arreglo de "Alfonsina" de Ariel Ramírez, con una fuga a cinco voces sobre el tema de la zamba. Con mucho temor y vergüenza nos preguntó si nos animaríamos a leerla. Inmediatamente la leímos, con sorpresa, y comenzamos a ensayarla con deleite, ya que el arreglo y la idea de la fuga nos parecieron sensacionales. César no salía de su asombro y nos confesó que, años atrás, participaba en otro quinteto de vientos y, cuando les ofreció tocar su arreglo de "Alfonsina", sus compañeros lo habían rechazado burlonamente y jamás aceptaron tocarlo.

A mediados de 1995 se hizo cargo de la Sinfónica el Maestro José María Ulla. Inmediatamente le hice conocer la existencia del quinteto y él lo tuvo en cuenta en diferentes oportunidades. En ese momento, como dije antes, no existía ningún otro grupo de cámara. Ulla se enteró de que teníamos tangos y milongas en nuestro repertorio y que habíamos hecho el concierto en compañía de Sergio y Adriana. Para fin de año, en el concierto final que se realizó en el Salón de Usos Múltiples del Club Universitario, invitó a Sergio y Adriana para que bailaran acompañados por la Orquesta Sinfónica pero, además, invitó al Quinteto para tocar "Taquito Militar" acompañando a los bailarines. En un determinado momento, dejamos nuestros lugares en la orquesta y nos dirigimos hacia adelante, en donde nos esperaban cinco atriles y cinco sillas y ahí, delante del numerosísimo público y delante de nuestros compañeros de la Orquesta, pudimos repetir la experiencia. Creo que ese honor de tocar frente a la orquesta nunca más se repitió con ningún grupo.

Yo estaba muy entusiasmado con el clima de trabajo que nos habíamos impuesto. Por fin iba a poder utilizar todo el material que había ido acumulando con el correr de los años. Lamentablemente con este quinteto no sucedía lo mismo que con el Cuarteto Arte. En el Cuarteto Arte éramos cuatro personas diferentes pero tirábamos todos para el mismo lado; en cambio en el Quinteto éramos todos diferentes y tirábamos cada uno para su lado. En general nunca estábamos los cinco de acuerdo y bastaba con que un integrante estuviera en desacuerdo con un proyecto para que el mismo no se llevara a cabo. Una especie de democracia al revés. Si cuatro quieren hacer algo pero hay uno que no está de acuerdo, entonces no se hace.

A partir del siguiente año algunos integrantes del quinteto decidieron no colaborar más con Ulla. Cuando nos ofreció producirnos la grabación de un disco, no lo aceptamos; cuando nos invitó a tocar en Fermo (Italia) durante el viaje de la Sinfónica en julio de 1996 tampoco lo hicimos. Sin embargo, el Quinteto sí participó cuando surgió la posibilidad de rearmar el circuito de  grupos de cámara que tocaban por el pago de una cantidad de "horas extras". Los grupos preparaban un programa y lo iban tocando en todas partes, al punto que ya no había que seguir ensayando ni preparando otras obras. El Quinteto participó en este circuito comercial, con el nombre de "Quinteto de Vientos de la Orquesta Sinfónica", lo que no se compadecía con nuestro primer proyecto.

En julio de 1997 se cristalizó una idea que habíamos tenido con el oboísta Carlos Orlando, del Quinteto Municipal de Olavarría: el Primer Festival Nacional de Quintetos de Vientos, que tuvo lugar en el Teatro Municipal de Olavarría. La idea era que cada quinteto de cada ciudad organizara una réplica del festival en su propia ciudad, una vez por año. Lamentablemente nunca pudimos llegar a organizar el nuestro.

Después de  haber sido capaces de encarar y presentar en público obras difíciles e importantes del repertorio, tales como los Quintetos de Taffanel y Nielsen, además de varios Quintetos de Danzi y Reicha y obras de Milhaud, Guy Ropartz, Ibert, etc.,  poco a poco fuimos dejando de trabajar obras nuevas y nos dedicamos simplemente a repetir el mismo programa fácil una y otra vez. El clima de superación artística de los primeros años se fue perdiendo hasta desaparecer por completo y ser reemplazado por el aburrimiento y la apatía.

La culminación de la bancarrota total sucedió a mediados del año 2000, cuando se realizó en el Teatro San Martín de Buenos Aires el Congreso Internacional de las Dobles Cañas. En ese Congreso Internacional se presentarían varias ediciones argentinas de música para vientos y, entre ellas, la edición de mis arreglos de tangos para quinteto de vientos. La organizadora del congreso y editora de mis arreglos era  la fagotista Andrea Merenzon. Yo le ofrecí hacer un concierto de presentación de mis arreglos con nuestro quinteto de vientos y ella aceptó. Era una importante posibilidad de presentarse en Buenos Aires, ni más ni menos que en el Teatro San Martín y ante un público de colegas de diferentes países. Además, todos los conciertos serían grabados y editados en discos compactos.  Pero, cuando les di la gran noticia a mis compañeros, ninguno de ellos se mostró entusiasmado. No les interesaba tocar en Buenos Aires, ni grabar un disco.

Los integrantes del Quinteto de Vientos Municipal de Olavarría, que ya habían tocado mis tangos y tenían muchos deseos de hacer ese concierto en Buenos Aires, no podían entender cómo nosotros despreciábamos esa posibilidad. Pero, en efecto, les di todos los materiales y fueron ellos los que presentaron mi trabajo en Buenos Aires y los que grabaron el disco con mis arreglos. Cuando volví de Buenos Aires, mis compañeros me informaron que habían decidido deshacer el grupo definitivamente. Así, estoy cumpliendo un raro, nuevo y diferente aniversario: cinco años sin música de cámara, algo así como un "lustro sabático"...

Ahora, enero de 2006, también acabo de elegir al Quinteto de Vientos Municipal de Olavarría para que se quede con toda mi colección de quintetos y se la acabo de enviar.

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