logo for musicaclasicaymusicos.com

Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 21)

ESCUELA HEBREA

Un año después de haber comenzado con el coro de padres, la directora de la Escuela Hebrea, mi ahora pariente Aída (Iehudit) Katz, descubrió que tenía la posibilidad de convocar a un nuevo maestro de "shirá" (cancionero) para la Escuela Hebrea, en el primario y en el secundario. De nada sirvió que yo me defendiera y tratara de explicarle que yo no era "moré" de música, que no sabía hebreo, que no sabía tocar el piano y que no conocía absolutamente nada de lo que significaba "Pesaj", "Sucot", "Iom Haatsmaút", ni cuáles eran las canciones tradicionales que correspondían a cada una de las fiestas y celebraciones de todo el año. La "Morá" seguramente creyó que yo la estaba cargando. "Nosotros te damos el casete y vos sacás la melodía". Conclusión: tuve que apechugar con el hebreo, aprender en un mes a leer hebreo y escribirme la fonética debajo de las notas y tocar y cantar leyendo la fonética y enseñarles a cantar, todo al mismo tiempo. Yo había ido a la Escuela Hebrea de Castelar cuando tenía diez años y solamente concurrí durante un año. Ese era todo el hebreo que conocía. Para colmo, la música se lee de izquierda a derecha y el hebreo se lee de derecha a izquierda, así que yo ya no sabía cuál era mi mano derecha y cuál mi mano izquierda...

Aquí corresponde hacer un paréntesis para contar la pequeña historia del órgano. Como el piano de la Escuela Hebrea ya no era un piano y por lo tanto no sonaba, a los integrantes de la Cooperadora se les ocurrió comprar un órgano. Me convocaron como asesor y uno de los padres, un domingo a la mañana, me  llevó a ver todos los órganos usados que figuraban en los clasificados del diario. En ese momento todo el mundo se había comprado uno de esos órganos, pensando que uno los miraba y los órganos tocaban solos. Cuando se daban cuenta de que en realidad tenían que estudiar, entonces trataban de venderlos. En cada casa se repetía la misma historia. Vimos y probamos unos diez teclados. Algunos portátiles y otros pesados, con mueble, como el entonces famoso "Funmachine". Me decidí por uno que era bastante completo pero era portátil y se podía trasladar. A mí me interesaba que fuera portátil, así lo podría llevar por las diferentes aulas y al salón de actos o también a la sinagoga para las ceremonias. Cuando le expresé mi decisión a la Presidenta de la Cooperadora me contestó que no, que un teclado portátil era muy débil y que se iba a romper y que no había que andar trasladándolo y que ella prefería comprar uno nuevo y con mueble que fuera mucho más firme y que no anduviera de un lado para el otro... Finalmente compraron un firme y pesado órgano nuevo de cinco octavas con un bonito mueble de madera, al que yo duramente debí trasladar arrastrándolo hasta el salón de actos en cada ceremonia.

Todos los años se celebraba "la" "Bat Mitsvá". Todas las chicas que cumplían 12 años se juntaban para la ceremonia. La Morá Iudit, directora de la Escuela, incluía una  serie de canciones. Preparaba una pila de casetes y me decía: "de éste la primera, de éste la tercera, de éste la cuarta del lado A y la segunda del lado B". O también: "Hay un padre de una de las chicas que toca el violín. Podés escribirle algo para que toque y participe"... O también: "las mamás quieren formar un coro y cantarles algo a las chicas en ídish"...    

Hemos armado unos simpáticos conjuntos, algunas veces invitando a músicos de la Sinfónica, otras veces con parientes de las chicas, algunas veces con músicos de la Sinfónica y parientes de las chicas mezclados, y yo siempre escribiendo los arreglos con un lapicito de punta finita sobre ese viejo papel pentagramado que conservaba desde el servicio militar...

Unos años después llegó el vicedirector de la Escuela, el Moré Itsjak, que preparaba a los Bar Mitsvá, los chicos varones que cumplían 13 años. Al principio los preparaba individualmente para la importante y tradicional ceremonia. Pero luego se le ocurrió que todos los varones de cada año podrían armar un coro y cantarse mutuamente en cada una de las ceremonias - cumpleaños  de cada uno de ellos. Era una idea muy simpática. Como él no tenía muy buena voz ni buen oído prefirió que yo los preparara en la parte musical. Me grabó él mismo un casete con las melodías que yo tenía que enseñarles a los alumnos. Lo que quedó en ese casete era absolutamente irreconocible. Yo tenía que escuchar el casete e interpretar lo que él quería cantar e imaginarme cómo sería la verdadera melodía que yo tenía que enseñar y cuáles las armonías que, consecuentemente, debía tocar en el órgano...

Cuando abandoné el trabajo en la Escuela Hebrea,  les dejé un enorme mamotreto con toda la colección de todas las canciones que yo había escuchado y "sacado" y anotado y traducido y "fonetizado" durante todos esos años. Yo mismo no podía creer todo lo que había trabajado, anotando las canciones y agregando la fonética y la traducción, para que yo mismo supiera de qué se trataba lo que les estaba enseñando a cantar. Y creo que nadie en la Escuela Hebrea o en la Comunidad en general sabrá nunca todo el trabajo que tuve que hacer para que pareciera que sabía lo que hacía. Espero que todo ese trabajo escrito nota a nota y letra a letra le sirva a alguien alguna vez. Quizás la única persona que conoce y reconoce todo eso es la "Morá Iehudit", mi primera socia y madrina en la Escuela Hebrea...  

EL CORO DEL CENTRO DE ACTIVIDADES DE LA  TERCERA EDAD

En 1980 llegó toda mi familia a Bahía Blanca (en ese momento teníamos solamente dos nenas) y nos instalamos en un departamentito muy pequeño y con un bonito jardín. Inmediatamente Liliana, mi esposa, fue convocada por la Asociación Israelita. Quien la convocó precisamente fue Nidia Vecslir, en realidad Nidia Burstein de Vecslir, que en estos días (octubre de 2005) acaba de ser elegida Diputada de la Provincia de Buenos Aires. Como Liliana se había especializado en niños con problemas de aprendizaje, la Asociación pensó que era la candidata ideal para organizar un grupo de Tercera Edad... (y no estaba tan equivocada, ya que los ancianos muchas veces se comportan como niños).

Así fue creado el "Centro de Actividades de la Tercera Edad". En esa época recién se comenzaba a hablar de la "tercera edad" y sus necesidades y posibilidades. Al principio Liliana hacía de todo: coordinadora, profesora de yoga, profesora de teatro, profesora de gimnasia, profesora de coro, organizaba los talleres de lectura y las salidas al teatro o a pasar el día en la quinta... Pero poco a poco fue consiguiendo presupuesto y delegando algunas actividades a especialistas en cada tema. Por ejemplo: el coro. Así descubrí que yo también era especialista en coros de tercera edad.

Con este grupo trabajé prácticamente durante veinte años, aunque debo hacer dos aclaraciones: en primer lugar, que los primeros años sólo lo hice como "colaborador" o "asesor" de Liliana, que en un principio era la verdadera directora; en segundo lugar, no trabajé durante veinte años con el "mismo" grupo, sino que los integrantes se iban renovando, debido a los lamentables pero lógicos fallecimientos y al ingreso de nuevos integrantes. Debo agregar, sin embargo, que hubo tres casos puntuales de señoras que me acompañaron durante los veinte años, hasta que fui reemplazado por el Jazán Teddy Horowitz, y quisiera recordar sus nombres en este momento. Fueron las señoras Berta Plosker, María Rapaporte y Eugenia Taich, amigas adorables con las que tuve tantas peleas y discusiones (siempre en tono cordial) como abrazos y besos. En el momento de escribir estas líneas, la única que nos sigue acompañando es la dulce María.

Haber dirigido durante tanto tiempo un coro de "tercera edad" fue también el principal antecedente para que, en 1998, la Municipalidad me convocara para formar un coro de tercera edad municipal, pero eso será motivo de otro capítulo.

Para leer la página siguiente (pág. 22), clic aquí

Para ir al Índice, clic aquí

Para publicar un Comentario, clic aquí

 

volver a Artículos

volver a Home