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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 20)

ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE ALGUNAS DE ESTAS ACTIVIDADES

No sé si vale la pena escribir sobre cada una de estas actividades. Pero algunas de ellas sí merecen algún comentario. Siguiendo un estricto orden cronológico, lo primero que sucedió fue, por un lado, la formación e inmediata frustración del Quinteto de Vientos Municipal y, por el otro, mi ingreso como director del Coro de Padres de la Escuela Hebrea, ambos en 1979, marcando desde el comienzo los dos brazos de mis actividades: dentro y fuera de la comunidad israelita. Del quinteto hablaré en la sección "Tríos, Cuartetos, Quintetos, Quintetos, Quintetos", así que comienzo con el "Coro de Padres de la Escuela Hebrea" y todas sus consecuencias...

CORO DE PADRES DE LA ESCUELA HEBREA
(y posteriores consecuencias)

No hacía mucho que había llegado a Bahía Blanca. Vivía en una pensión de la calle Israel 29 (¡qué casualidad!) y un buen día me llaman por teléfono. Era la señora Nelly Gelman,  que me explicaba que en la Escuela Hebrea habían formado un coro de "horim" (padres) pero el director del coro (que era un importante tenor) los había abandonado porque había ganado un cargo en el coro del Teatro Colón. Que ellos se habían enterado de que un músico judío (yo) había ingresado en la Sinfónica y querían saber si estaría dispuesto a continuar con la dirección del coro. Que ellos se reunían en la Escuela Hebrea los sábados a la tardecita y que disponían de un piano.

Yo hacía quince años que no tocaba un piano y siete años que no dirigía un coro. Mucho menos un coro judío. No conocía el repertorio ni tenía idea de las canciones litúrgicas adecuadas para cada fecha y cada ceremonia. Ella me insistió y me dijo que ellos me iban a ayudar y que me iban a conseguir material, etc., y que me iban a pagar un sueldo, la mitad por parte de la Asociación y la otra mitad con cuotas que aportarían los propios coristas (o coreutas, como ustedes quieran). Por suerte (lamentablemente) el famoso piano sólo era restos de lo que alguna vez había sido un piano y ahora era una especie de tobogán o subibaja para los chicos de la escuela, por lo que pude comenzar a dirigir "a cappella", cosa que me gustaba un poco más.

Así fue como comenzó una larga historia dentro de la Comunidad, en la cual hice de todo, de todo lo que no sabía ni conocía y tuve que estudiar, averiguar, inventar, escribir, componer e  improvisar durante unos 22 años, hasta que me separé (o me separaron) definitivamente.

El "Coro de Horim", luego transformado en "Coro de la Asociación Israelita de Bahía Blanca", subsistió hasta 1992 (14 años). Llegó a contar con 22 personas, de las cuales 15 eran damas y 7 caballeros. No sólo cantamos en Bahía Blanca sino que llegamos hasta Rivera, Tres Arroyos, Mar del Plata y en dos oportunidades Buenos Aires, en festivales de coros de "Horim". Después  de que el coro "estable" se disolvió definitivamente, durante aproximadamente diez años, (1993-2003) fui preparando sucesivos coros especiales para acompañar a los cantores litúrgicos que llegaban anualmente en Septiembre u Octubre, para Rosh Hashaná y Iom Kipur.

Luego de armar el Coro de Padres y de participar en cada fiesta de la Escuela durante el año 1979, al año siguiente tuve mi primer susto fuerte, cuando me informaron que, para las fiestas de Rosh Hashaná y Iom Kipur, vendría un joven seminarista (Roly Matalón, ahora en Estados Unidos) y que quería que yo le armara un coro y lo acompañara con el órgano. Un mes antes de las fiestas me envió un libraco enorme, fotocopiado de manuscritos, de manera que no se veía ni entendía nada, lleno de indicaciones y tachaduras,  con todos los textos de las diferentes oraciones del día y las melodías correspondientes a cada una.  Los organistas habían anotado en qué tono tenían que tocarles a cada uno de los diferentes cantores: "Fulano en La", "Mengano en Sol", "Perengano en Si bemol". Además el jazán (cantor litúrgico) quería que yo lo acompañara con "algo suave" mientras él hablaba, "algo tipo Nocturno de Chopin o Claro de luna de Beethoven". Casi nada... Yo no sabía cómo explicarle que yo no era organista ni pianista y que no entendía nada de cánticos ni de rituales judíos ni estaba capacitado para leer en un tono y tocar en otro ni para tocar Chopin o Beethoven...

Sin embargo, hice lo que pude y quedaron todos conformes... Con esa primera participación como "organista" y director de coro de sinagoga se inició una larga tradición. Bahía Blanca no tenía un rabino estable. Cada año venía otro "jazán" con su "librito" y yo le tenía que preparar el coro según su propio canto (que me enviaba previamente en un casete).  Hay melodías que son eternas, clásicas y que sólo admiten pequeños cambios o variaciones. Pero muchas oraciones tienen diferentes melodías y cada jazán elige una de ellas. Ahora también se usa mucho tomar melodías "comerciales" y adaptarlas al texto litúrgico. Por lo tanto, cada año y cada vez que venía un jazán nuevo, yo tenía que volver a aprenderme el nuevo cantito y, en uno o dos meses de ensayos, conseguir que el corito de aficionados pudiera estar en condiciones de acompañar al nuevo cantante.

"MI" KOL NIDREI

Yo ensayaba con el coro desde dos meses antes de las festividades. El jazán llegaba una o dos semanas antes para poder ensayar dos o tres veces con el coro. Yo tenía que enseñarles las partes de acompañamiento de todas las melodías, incluídas las de la melodía más solemne de todo el ritual judío: el Kol Nidré, que se canta tres veces seguidas la primera noche de Iom Kipur. Para que el coro aprendiera a acompañar al jazán, yo mismo hacía su parte, imitando un poco en broma los melismas y las exageraciones de los cantantes litúrgicos. En una ocasión llegó el jazán justo cuando yo estaba en eso. Pensé que me iba a excomulgar, por estar haciendo bromas ni más ni menos que con esa melodía, pero él no se dio cuenta de que yo lo estaba haciendo en broma y que lo mío era una parodia. Se conmovió tanto con mi interpretación que me invitó a participar junto con él. Me dijo "yo canto la primera y la tercera y vos cantás la segunda; de paso, yo descanso". No hubo forma de hacerle entender que yo no era cantante, mucho menos cantor litúrgico,  y tuve que cantar "haciéndome el jazán" la noche de Iom Kipur, frente a toda la comunidad, justamente yo, tan religioso.... La directora de la Escuela Hebrea me decía a cada rato "tendrías que estudiar para jazán"...

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