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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 18)

"NUESTRO PRÓXIMO CONCIERTO"

El Maestro Jorge Fontenla fue director titular de la Sinfónica desde 1992 hasta mediados de 1994. Le imprimió su sello, dedicándose con empeño a los compositores "impresionistas" (su concierto de despedida, el 19 de mayo, estuvo dedicado exclusivamente a obras de Ravel) y a difundir compositores argentinos, aunque también hizo otras cosas y algunas, muy novedosas, como "Sueño de una noche de verano", con bailarines, actores, coros, etc., o bien la opereta "El murciélago", pero con la orquesta sobre el escenario, detrás de unos velos semitransparentes.

Pero hizo además cosas que otros directores no hicieron, por ejemplo decidir que se grabaran todos los conciertos y crear una "casetoteca" bien catalogada y además crear el programa de radio de la Orquesta, donde él mismo era el productor, locutor y periodista. Probablemente él también era la única persona que lo escuchaba...

Se transmitía por Radio Nacional, los martes a las 11 de la noche. Por supuesto que el programa no tenía ningún auspicio comercial, aunque en esa época ya estaba Martín Allica como director de la radio y las radios nacionales habían entrado en la onda comercial y chabacana, dejando de pasar música clásica y dedicándose con empeño a transmitir todos los partidos de fútbol que pudieran.

Justamente por esa razón comenzaron a modificar el horario de emisión del programa, o bien lo suprimían cada dos por tres para poder transmitir algún partido de fútbol. En el momento en que Fontenla se decidió a dejar la orquesta por haber recibido una mejor oferta de Mendoza, tenía la opción de clausurar definitivamente el programa o bien dejárselo a alguna persona de su confianza. Se decidió por esta última alternativa y aquí el lector tiene una buena oportunidad para ejercitar sus dotes y adivinar: ¿a quién eligió Fontenla?

Por supuesto, adivinaron. Me hice cargo del programa y desde ese momento Martín Allica tuvo otra buena razón para tratar de patearlo. Durante el tiempo que pude manejar la situación traté de hacer programas interesantes, reporteando a los directores invitados o a los solistas que iban a intervenir en los próximos conciertos. Más de una vez me fui con mi viejo grabador al Hotel Central Muñiz y, en el salón español, conversé con artistas de renombre.

Otras veces acudía a mi colección privada de antiguas grabaciones de la orquesta y hacía "interesantes" comparaciones entre diferentes versiones de una misma obra. Una vez, mientras se estaba jugando un campeonato importante y la gente no hablaba de otra cosa, intenté meter algo que tuviera que ver con el fútbol en un programa sinfónico. Se me ocurrió hacer una divertida comparación entre el trabajo que tenían los jugadores de fútbol (meter una pelota de 25 cm. de diámetro en un arco de siete metros de largo), con el trabajo que tenía nuestra ejecutante de flautín cuando tocaba la obertura de “Semíramis” (meter 42 notas  en 7 segundos)...

Yo siempre me preguntaba si el programa tendría algún oyente y trataba de dar algunas pautas para que me llamaran por teléfono. Solamente una vez, una sola persona llamó y resultó ser una señora mayor, vecina del edificio en el que Fontenla había vivido y que se había acostumbrado a escucharlo y expresaba su pesar porque su vecino ya no estaba en la radio. Ella tenía un casete que el maestro le había prestado y me pidió si yo podía ir a buscarlo a su casa para entregárselo. Así que además tuve que hacer de mensajero de la única oyente del programa...

Pero la radio me hacía malas jugadas. Me suprimía un programa y el reportaje que debía salir antes del concierto salía a la semana siguiente. O bien yo me dirigía  a la radio el martes a las once menos cuarto de la noche, cargado de discos o casetes,  y me enteraba por el portero eléctrico que el programa no iba esa noche. Un buen día escucho por la radio que el programa "Nuestro próximo concierto" había cambiado de horario "por razones de programación"... Trasladaron el programa al sábado a la tarde sin preguntarme, siquiera, y yo ya no estaba seguro de poder "atenderlo" en ese horario, por coincidir con los ensayos de la orquesta...

Hice "de tripas corazón" y me fui a hablar con el director, tipo que me inspiraba una particular sensación de terror (casualmente falleció hace unas pocas semanas, en noviembre de 2005, mientras yo escribía esta historia). Allica me dijo claramente que, si yo no me conseguía un auspiciante que pagara el espacio, no tenía derecho a estar eligiendo los horarios. Yo ya tenía bastante trabajo preparando los programas, como para dedicarme también a buscar auspiciantes. Así que decidí renunciar al espacio y enviarle una carta a Fontenla, pidiéndole disculpas por haber traicionado su confianza. Me contestó que yo hice exactamente lo que él había tenido ganas de hacer unos meses antes y no se animó...
 

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