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Antes de entrar en materia, quiero ser equitativo con el lector: soy incondicionalmente pro-Sevcik, pero estoy dispuesto a escuchar con atención lo que los músicos oponentes tengan que decir, que es, principalmente:
Si estamos de acuerdo con los últimos avances en pedagogía,
asimilando tocar nuestros instrumentos con deportes de alta
competencia, no tiene sentido hablar del punto 1): flexiones
y abdominales no son precisamente una actividad excitante para los
atletas, ni lo es el trabajo en la barra para los bailarines. Empecemos: Otakar Sevcik (1852-1934) fue y sigue siendo
objeto de debate. Muchos pedagogos rechazan su obra debido a
los tres puntos precitados. Otros en cambio aseguran que es
una obra genial, que ha asimilado con profundidad los secretos
de la técnica violinística. Confieso que me encuentro entre éstos últimos, pero trataré de hacer un análisis objetivo para
que los interesados puedan tomar una decisión. Fue en este ambiente que Sevcik se encontró ante la tarea de hacer una colección de su metodología para el aprendizaje del violín (luego transcrito para viola por el maestro inglés Lionel Tertis). Muchos -la mayoría- de los métodos que nacieron en aquel entonces ya no se utilizan más. Debemos preguntarnos, pues, por qué sobrevivieron los trabajos de Sevcik hasta nuestros días, siendo hoy aún el texto más usado en la enseñanza del violín y la viola. Para contestar a este interrogante quisiera analizar brevemente qué es lo que se debe pedir a una metodología para el aprendizaje instrumental. Para ello veamos sucintamente cuál es su proceso :
Para que esto se convierta en un proceso orgánico, conviene comenzar de manera sencilla, fácil y accesible, lo que
no ocurre si para aprender un determinado aspecto técnico hace
falta aprenderse todo un estudio, con línea musical más bien
pobre (para no decir mala, en muchos casos), porque el 90% del
esfuerzo se gasta en aspectos laterales y solamente el 10% se
dedica a lo que realmente se desea lograr: adquirir destreza en
tal o cual aspecto técnico. El método básico de Sevcik sigue estrictamente la secuencia 1) - 5) citada en el párrafo precedente. Para ello, se comienza cómodamente, con tiempo suficiente, y a medida que se avanza el tiempo se acorta, las cosas se van precipitando, los movimientos se complican, todo ello en una forma que lleva al automatismo sin que el alumno lo perciba. En un artículo anterior mencioné que en el futuro no lejano los neurólogos nos dirán cuáles de los ejercicios para aprender el violín son eficaces y cuáles no: estoy completamente seguro de que los métodos de Sevcik serán reivindicados como de los más efectivos existentes. Me he referido hasta ahora solamente a los Op. 1 & 2 (dedos y arco, respectivamente). Quiero destacar el Op. 2 Nº4 (para alumnos más avanzados) para adquirir una buena técnica de arco a través del entrenamiento de la muñeca. Para dar satisfacción a los enemigos de Sevcik, diré que hoy ya no conviene utilizar el Op. 6 para principiantes, por ser demasiado árido. La juventud de hoy necesita tener algo más divertido para comenzar su andadura: hay otros métodos o escuelas con buenas selecciones de melodías. Pero es indispensable referirse aún al Op. 8, que cubre el cambio de posiciones, y que en centros donde se rechazan los Op. 1 & 2 es utilizado, a pesar de todo. No comprendo la lógica: es tan esquemático como todo lo demás. Pero -igual que los demás- son ejercicios enormemente provechosos. A nadie se le ha de ocurrir que hay que trabajar solamente Sevcik, y nada más. Esto seria un grave error. La adquisición de una buena técnica debe estar en todo momento al servicio de la música, y ha de ocupar no más que la mitad del esfuerzo del alumno. Es igual que en los deportes: hay que entrenar pero también hay que jugar. A cada cosa su ración adecuada. Para terminar quiero repetir una anécdota de la primera mitad del siglo: Carl Flesch, el célebre pedagogo, tuvo un alumno muy adelantado que se llamaba Henryk Szering. Pues a solicitud del maestro, Szering trabajó toda la obra de Sevcik, y los que hemos podido oír al maestro -tuve el privilegio de tocar con él los dúos de Mozart para violín y viola- habremos constatado que esto no sólo lo convirtió en uno de los primeros del mundo sino que no le dañó ni en expresividad, y menos aún en calidad sonora. Por supuesto hay otras maneras de aprender bien el violín. La pregunta álgida es más bien, con cuál de los métodos disponibles se pierde menos tiempo. He aquí el gran escollo con que hemos tropezado en España: si antes de los 18 años no se han dominado todos los estudios de Kreutzer, todos los caprichos de Rode, y las 24 piezas que componen el Op.35 de Dont, venciendo con facilidad los problemas técnicos que éstas obras plantean, el alumno ya no llegará a dominar su instrumento como es debido para una carrera exitosa. Para lograrlo hay que ir por el camino más corto y éste es, a mi juicio, el que señala Sevcik. Comenzar a tocar canciones a los 5 años es necesario y si hay ganas y placer para seguir, Sevcik puede iniciarse a los 7-8 años, según la madurez del alumno, para empezar con Kayser -preparatorios para Kreutzer- a los 12. La metodología de Sevcik lo hace posible. No conozco otro
método que lo pueda lograr con eficacia comparable, a no ser
otros sistemas igualmente esquemáticos, como por ej. Dounis.
No me cabe ninguna duda que en el tercer milenio las prácticas
deportivas y el aprendizaje instrumental han de ir por el
mismo derrotero. Lo que es sorprendente es que ya hace casi
100 años Sevcik hallara ese camino, y esto habla muy bien de
su inteligencia y genio.
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