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Son muchos los ciegos
que han escrito su nombre con letras de oro en la historia de la música. En muchos casos se
destacaron como estupendos improvisadores, pero en el rubro de los
compositores de seguro necesitaron de otra persona para volcar el
resultado de sus inspiraciones en el papel. Es importante la
influencia de este músico ciego en la música española del siglo XVI, por
su arte en encontrar los acordes mejores y el contrapunto apto para el
acompañamiento de las melodías populares. Uno de los ejemplos más destacados es Francisco de Salinas (1513-1590), compositor, intérprete, humanista y matemático español a quien Fray Luis de León cantara en su oda tercera: “El aire se serena No menos trascendente es la figura de Antonio de Cabezón (1510-1566), músico renacentista que estuvo al servicio de Felipe II durante cuarenta años. Viajó a Inglaterra con el monarca e influyó grandemente a los virginalistas ingleses. Uno de los más importantes centros de peregrinación del siglo XVII en España fue Daroca, ciudad famosa por el misterio de los corporales, sus siete iglesias y sus siete conventos. En ese ambiente de espiritualidad, nació y se formó como músico Pablo Bruna (1611-1679), conocido históricamente como “el ciego de Daroca”. En su época surgió una
polémica popular en la que se discutía si Bruna era mejor organista que
Andrés Peris, ciego también él, titular de la catedral de
Valencia. Muchos músicos de su
época se formaron bajo su conducción; en el tema que nos ocupa se
destaca Pablo Nasarre (1650-1730), el organista ciego del Real
Convento de San Francisco de Zaragoza. Wolfgang Amadeus Mozart queda impresionado musicalmente por dos mujeres ciegas: La pianista y compositora María Teresa von Paradis (1759-1824), a la que dedica su concierto Nro. 18 en Si bemol Mayor K. 456. En sus actividades de compositora, von Paradis utiliza una llamada “tabla de composición”, creada para ella por Johann Riedinger. La otra mujer en
cuestión es Marianne Kirchgassner, ejecutante de la armónica de
cristal o copófono, conjunto de recipientes con diferentes medidas de
agua con una extensión de casi cuatro octavas que había sido
perfeccionado por Benjamín Franklin. A través de la
historia, hay hechos, invenciones o descubrimientos de carácter
delimitante, capaces de establecer de un modo inequívoco un “antes” y un
“después”. Así pues, el descubrimiento de la penicilina, la
utilización de la electricidad, el primer transplante cardíaco, la caída
del muro de Berlín, etc., son algunos entre miles. Y por supuesto,
Louis Braille y su sistema de lectoescritura y su musicografía
establecen el paso de las sombras a la luz, de la incomunicación a la
comunicación, de la ignorancia al conocimiento. En las postrimerías del
siglo XIX, surge la figura de Louis Vierne (1870-1937),
compositor de fuste, brillante pedagogo y organista titular por más de
treinta y seis años de la Catedral de Notre-Dame de París. En Alemania, se destaca el maestro Helmut Walcha, organista de reconocida trayectoria, 1907-1991, del que pueden conseguirse en plaza sus grabaciones de la obra completa para órgano de Johann Sebastian Bach. Al respecto tengo una anécdota personal: En mis primeras incursiones en el órgano, al descubrir a Walcha despertó en mí una gran admiración por sus interpretaciones. En mi fuero íntimo, entre admiración y rebeldía, repetía para mí y mis amigos: “Claro, con la partitura delante tocar toda la obra de Bach es mucho más sencillo”. Esta afirmación se trocó en asombro al saber que Helmut Walcha era tan ciego como yo, pero con una diferencia enorme a su favor, él era Helmut Walcha. Volvemos en este
recorrido imaginario nuevamente a Francia y mencionaremos a varios
egresados de L’Institution de Jeunes Aveugles de París. Los reconocidos
maestros André Marchal y Gaston Litaize, a quien tuve
oportunidad de conocer personalmente en 1989, en la celebración de su
cumpleaños ochenta. En la ocasión se reunieron sus alumnos para un
concierto homenaje. Litaize era de una personalidad adusta, severa, casi
irritante y en su participación como broche del encuentro, hizo gala de
sus dotes de improvisador de una forma muy particular. Sus pies y su
mano izquierda tocaban el órgano, mientras la derecha lo hacía en un
piano de cola que le habían acercado lo más posible a la consola. Aquella noche del 11 de diciembre de 1989, actuaron también Jean Pierre Legay, uno de los cuatro actuales titulares de la Catedral de Notre-Dame y André Pagenel, titular de la Catedral Saint-Étienne de Bourges, docente, organista y gran improvisador. Ya en España, se alza la
figura del gran Joaquín Rodrigo, del que sería superfluo agregar
datos en este artículo por su conocida trayectoria. En nuestro país (Argentina), muchos profesionales impulsaron a los ciegos a utilizar la musicografía Braille, como elemento fundamental de lectura y escritura musical, echo que da por tierra con la creencia popular de que el ciego hace música solamente de oído. Hay que resaltar al grupo de profesores del antiguo Instituto Nacional de Ciegos, con el profesor Cisneros en la cátedra de violín y el profesor Rodríguez Crespo en la de guitarra. Egresado del Instituto, fue el músico ciego de Rosario Samuel Feldman, creador de la música del himno a Braille que con textos del ciego mendocino Carlos Roc, obtuviera el primer premio en el concurso organizado en 1952, con motivo de cumplirse el centenario de la muerte de Braille. También en Rosario, fue fructífera la labor de los profesores ciegos Julián González y Eugenio Aefelix y en la actualidad, la infatigable tarea del profesor Guido Maranzana. La institución sucesora del antiguo Instituto, el Patronato Nacional de Ciegos en el que brillaron en la docencia profesionales de la jerarquía de Ramón Vilaclara en cello, Pedro Napolitano en violín, Rafael González en piano, Raúl Torrado en Armonía y Contrapunto, Elda Corrado en teoría y solfeo y piano y Pascual de Rogatis, compositor de un hermoso himno del Patronato. También es preciso
mencionar al español Julián Baquero, verdadero impulsor del
Braille y de su musicografía, violinista él, integrante de un dúo con su
compatriota, el pianista ciego Segismundo Taladriz. Pero el
mayor aporte de Baquero, fue la fundación de la Biblioteca Argentina
para Ciegos hecho acaecido el 18 de septiembre de 1924. Dos verdaderos visionarios que con sus emprendimientos, legaron a los ciegos argentinos y de países limítrofes dos fuentes de expresión artística insuperables y posibilidades laborales dignas que son ejemplo en el mundo. Profesores del Hogar-Escuela Manuel Belgrano, hogar-escuela Santa Cecilia y del instituto Román Rosell, tales como Andrés Fourzans, Gustavo Wilkinson, Luis Cardozo, Santiago Colomna, Marina Genero, Héctor Iglesias Villoud entre tantos otros. Merecen figurar en esta humilde enumeración, el reconocido tiflólogo Pedro Ignacio Rosell Vera, luchador infatigable y la tesonera y altruista profesora Edith Sbako. De la mano de esta última surgieron la mayoría de los actuales integrantes del Coro de Ciegos y un importante número de músicos de la Banda Sinfónica. Hay un caso encomiable en Córdoba; se trata de la pianista y docente Elvira Ceballos. Su intensa actividad en la ciudad mediterránea y sus viajes periódicos a Ecuador para enseñar musicografía y otras materias a potenciales músicos ciegos y lo que es de remarcar, la instrucción de docentes con visión para apuntalar el trabajo iniciado por ella, la hacen acreedora de una mención especial. Sin dudas, en esta
enumeración de personalidades que impulsaron la musicografía Braille a
nivel nacional, hay involuntarias omisiones; es intención de estas
líneas al recordarlas aquí, traerlas a la consideración de las nuevas
generaciones de modo de avivar el interés por la práctica de la música,
pensada como profesión y como canal idóneo de expresión. La marcha avasallante del progreso en este campo, permite cargar en pequeños adminículos una cantidad de información imposible de trasladar y manejar en escritura Braille. Los nuevos profesionales ciegos echan mano a estos maravillosos hallazgos de la informática, pero es de desear que no dejen de abrevar en las fuentes del sistema Braille, porque nada podrá reemplazar el gozo intelectual, espiritual y hasta físico que produce el contacto de nuestras yemas con ese signo generador de seis puntos, la lectura directa, el contacto íntimo con el libro, camino seguro para estructurar nuestros conceptos e ideas y para lograr una aceitada comprensión de los textos leídos. Seis faros encendidos en 1825 y que permanecen cual antorchas votivas, iluminándonos… Por eso, ciegos del mundo: ¡Honremos a Braille! Osvaldo Guzmán
(organista, Argentina)
Disertación pronunciada en la Biblioteca Argentina para Ciegos el 4 de
enero de 2009 en el acto de homenaje a L. Braille.
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Tengo un alumno ciego
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Un artículo precioso
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