Recuerdo en nuestro país dos casos: El del Maestro
Alfonso Stagno quien falleció dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la
Policía Federal que él mismo había fundado, y el del excelente director
de coros y exquisita persona, el Mtro. Julio Fainguersh. Si alguno de
estos recuerdos es inexactos, pido disculpas.
Es cierto, nuestra profesión es esforzada y
estresante, sin embargo quisiera aportar algo. Como ocurre seguramente
con todas las actividades, la Dirección Orquestal es una cosa en el
primer mundo y otra muy distinta en estos pagos (Argentina). O para mejor decir es
la misma pero bajo circunstancias muy diferentes.
Aquí, en nuestro "país furibundo y desmesurado" como
dice el insoslayable Miguel Wiñazki ("La locura de los argentinos",
Ed. Planeta, 2010), la violencia y las antinomias que desgarran nuestra
patria se hacen presentes
en algunas de nuestras orquestas sinfónicas, sustituyendo el clima
sereno
del arte y tornando insalubre nuestra tarea. Quiero decir, aquí, lo riesgoso no es la Dirección
Orquestal de por si compleja como queda dicho, sino que los problemas
son extramusicales.
Justamente, el haber extraviado, enajenado la música,
ha permitido que se la reemplace por conductas erráticas y violentas.
Una verdadera locura. Funcionarios que en su incompetencia e ignorancia
degradan a las orquestas y envilecen a sus integrantes, logrando sacar
lo peor de ellos. Músicos mal pagos, orquestas sin lugar fijo para
ensayar o haciéndolo en lugares no aptos para la tarea, y en fin, esta
actividad tan noble sometida a
innumerables destratos por los funcionarios responsables.
Ante tanta injuria a sus condiciones laborales y a su
vida, los músicos se "desquitan" agrediendo lo que alguna vez fue lo
mejor de ellos, su vocación
y el sentido de su vida. Alienados de la música, la ofenden faltando a
ensayos o aún a conciertos, mandando "cambios" (no conozco practica más
perversa en la música sinfónica) y cometiendo varias irregularidades
amparándose a veces en reglamentos que parecen haber sido redactados por
dementes. Reproducen sin saberlo la espiral de violencia de nuestra
sociedad. Otra vez la locura.
Muchos de estos músicos son o han sido excelentes
instrumentistas y a veces hasta lo recuerdan. Algunos han amado con
pasión la música pero parecen haberlo olvidado. Llegan, tocan y se van
como zombies, como esos matrimonios que vemos en un restaurante comiendo
sin hablar ni mirarse, devorados por la rutina y el hastío, y en los que
hay que hacer un esfuerzo para imaginar que alguna vez se han amado
apasionadamente.
Casi todos ellos ponen lo mejor de si en el momento
del concierto, que finalmente "sale bien" con lo cual los funcionarios
desestiman cualquier crítica o sugerencia. Como en nuestro país, cada día mas violento, los
funcionarios imaginan estar en el mejor de los mundos.
En mi experiencia personal, teniendo sesenta años de
edad, mas de
treinta como director y cientos de conciertos realizados, la Dirección
Orquestal no es para mí un riesgo. Al contrario, me divierte y da
felicidad. Pero las circunstancias que la rodean me resultan
exasperantes.
Admiro profundamente a Karajan, de lo cual podrían
dar cuenta mis alumnos de todo el país con quienes comparto la
observación de sus videos y nunca me canso de admirar lo exquisito de su
técnica y de su concepción interpretativa. Al igual que él, yo también
vivo aterrorizado, pero no por morirme dirigiendo, sino en el despacho
de algún funcionario. Si algún día la impotencia y la bronca pueden más que
mi aún sano corazón.
P.D. necesaria: por suerte hay excepciones maravillosas.
En Noviembre de 2010 tuve la oportunidad de dirigir la Orquesta Estable
de Tucumán y fue un verdadero oasis. Dos semanas de felicidad plena.
Pero esto no es casual. El Ente Cultural Tucumán está dirigido por un
excelente músico, pianista brillante y persona muy sapiente y criteriosa
como Mauricio Guzmán, y cuenta con un elenco de profesionales excelentes
en la Dirección de Música y Danza con Marilí Bouillon al frente.
Jorge Gabriel Fontenla (ver Curriculum)
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