Es importante
establecer, en la Historia de la Música y en los diferentes
Estilos Musicales, Compositores y Obras que se han sucedido en el
tiempo, el análisis de un factor psicológico, dinámico y profundo, que
se da en la confrontación de dos principios opuestos y complementarios.
Esto se refiera a una clara distinción, por un lado, entre elementos
formales que proceden de un principio articulado, conciente y
superficial que da origen a las Escalas, Ritmos y Acordes que forman
parte del sistema musical de un momento dado, y otros elementos
provenientes de una fuente inconciente, inarticulada y profunda,
aparentemente caótica y arcaica, como son los ornamentos, vibratos,
glisandos e intervalos, ritmos y acordes libres no percibidos en el
mismo plano sino como un efecto característico de tipo emocional o de
color.
Entre ambos se da, por un lado, una tensión dinámica que genera gran
riqueza emocional en la percepción de la Música, y por otro, un sentido
de evolución desde los elementos inarticulados a los articulados que van
siendo integrados al sistema y pierden así su carácter inconciente.
La audición conciente selecciona, por regla general, únicamente aquellos
elementos, armónicos, rítmicos o melódicos que forman parte de los
sistemas musicales que prevalecen en cierta época y no discierne las
transiciones intermedias de tipo libres.
Esto es análogo a lo que William James relacionaba a la estructura
perceptiva en el lenguaje hablado, entre los elementos "transitivos" que
enlazaban los elementos "sustantivos" plenamente articulados. Los
"transitivos" no son concientes.
Es importante destacar la relación que existe entre la música primitiva
y la más evolucionada. En esta última predominan los elementos
articulados, por eso es más fácil registrarla mediante la notación, y
difícilmente captamos las inflexiones transitivas interpuestas
(glisandos, vibratos, etc., mientras el músico primitivo es capaz de
incorporar mucho más material inarticulado que se entreteje con pocos
elementos articulados.
La notación musical presupone la existencia de una estructura muy
articulada y diferenciada, dejando de lado los elementos transitivos no
sistemáticos. Sin embargo por ejemplo las melodías gregorianas todavía
eran muy ricas en ornamentos que solo podían anotarse por medio de
abreviaturas.
En el desarrollo final del Canto Gregoriano estos elementos tienden a
desaparecer y ser sustituidos por otros plenamente articulados y
racionales propuestos por las autoridades de la Iglesia, que se oponían
a las tendencias de ornamentación inarticulada de tipo emocional e
irracional que irrumpían en diferentes momentos como una necesidad
expresiva.
Esta necesidad encuentra su salida en la creación de la polifonía, en el
Organum, el cual corresponde a un modo objetual libre de percepción
inconciente, ya que todas las voces eran igualmente importantes y esto
confunde la percepción superficial, llevando a una forma difusa y
"gestálticamente abierta". Es interesante destacar que aún cuando en la
Teoría medieval se afirmaba que sólo debían escribirse consonancias, la
primera polifonía contiene extensos pasajes disonantes (o sea material
inarticulado) que se alivian en consonancias situadas estratégicamente.
Posteriormente en el siglo XVII se volvió a un nuevo estilo claramente
articulado, donde la armonía fundía las voces contraponiéndose a la
melodía dominante y dando lugar a una nueva claridad estructural de
sentido más racional (del tipo figura-fondo).
Los eventos inarticulados tienen su importancia estructural, su
represión de la audición conciente produce efectos estéticos y plásticos
sumamente estimables. Además constituyen el lugar de gestación donde los
experimentos con nuevos sonidos de la escala, nuevos ritmos y nuevos
timbres armónicos pueden realizarse a salvo de la detección conciente.
Por ejemplo los
pasajes de poca importancia formal de las Obras de Mahler o
Wagner (introducciones, transiciones, etc.) que contienen materiales
armónicos y tímbricos que luego Schoenberg tomaría como elementos
formales a los que les daría mayor importancia (temáticamente) en su
lenguaje atonal.
Esto se plantea muy relevante respecto de la percepción de la forma,
para el oyente medio, en la música Contemporánea, ya que en ella no están
presentes los elementos que caracterizaban la forma Clásica, es decir el
Principio de permanencia de un Centro, dado por la Tonalidad y la clara
articulación temática entre las Partes y el Todo, generado por la
repetición de patrones reconocibles, sino todo lo contrario funcionaría
como una forma abierta, en el sentido que le da Umberto Eco, o
Gestalt-libre, caracterizada por la variación permanente y la ausencia
de una articulación diferenciada.
En la Armonía, la
represión estructural funciona con los acordes transitivos generados por
las excursiones melódicas de las voces antes de fundirse en un nuevo
acorde articulado. Sin embargo, ejercen
una gran influencia sobre el resultado de conjunto. Schoenberg era
contrario al uso de adornos armónicos, debido a que consideraba que los
acordes transitivos tienen una entidad propia dentro de la Estructura
armónica.
La articulación de
cualquier lenguaje podría transformar los elementos inarticulados e
incorporarlos gradualmente al sistema, el cual de esa manera se renovaría
y enriquecería (cambiando el sentido de la belleza armónica en el caso
de la armonía).
Según Schoenberg
habría cuatro etapas evolutivas distintas:
Etapa 1) Un
nuevo acorde aparece, es explicado como accidente melódico, pero tiene
un carácter transitivo, permanece oculto a la percepción conciente y
está al margen del sistema y la teoría armónica.
Etapa 2)
Comienza entonces un proceso de semiarticulación, es percibido como
disonante y aún necesita ser explicado en términos de un fenómeno
melódico con su respectiva preparación y resolución.
Etapa 3) Es
incorporado al sistema y considerado como consonancia sin justificación
melódica y percibido concientemente como una entidad separada.
Etapa 4) Estos
mismos acordes, antes de mucho efecto llegan a ser neutros y carecer de
valor emocional y tensional, banalizándose su uso.
Esta Teoría
Psicológica de Schoenberg es de enorme significación, ya que nos lleva a
una Teoría General de la Articulación Musical aplicable en todos
los campos, sea armónico, melódico o rítmico. En cada uno de éstos, los
nuevos elementos aparecerían al principio ocultos e inarticulados de
carácter transitivo, luego se transformarían en semiarticulados u
ornamentales, pasarían a ser parte del sistema y finalmente se
convertirían en componentes neutros que pueden usarse en cualquier
contexto.
El nuevo elemento
aparece como emparedado entre elementos articulados hasta que la
conciencia se da cuenta de ellos, captándolos poco a poco e
integrándolos al sistema, que al mismo tiempo es reformulado para dar
cabida a más material y nuevas posibilidades de articulación, en un doble
proceso de mutua acomodación.
Lo que llamamos
ornamento sería un elemento que se encuentra a mitad de camino entre una
forma inarticulada y otra articulada o sistematizada (puede darse el
caso de que se encuentre articulado en su altura e inarticulado en el
aspecto rítmico). Cuando se completa el proceso de articulación, su
carácter ornamental desaparece, asumiendo funciones estructurales.
Johanes Wolf
investigó este tema en las medidas rítmicas de la Música Medieval, que
partiendo de elementos ornamentales y decorativos desarrollaban un
proceso hasta la plena articulación, y Yasser lo observó respecto de
cómo se produjo el pase de la escala pentáfona a nuestra actual escala
heptafónica, notando que al principio se rellenaban los huecos con
ornamentos inarticulados que pasaron a incorporarse al sistema en la
medida en que se hicieron concientes auditivamente.
Es muy importante
notar que hoy las notas de nuestro sistema musical son unidades
flexibles e independientes, cuya posibilidad combinatoria es libre o
determinada en todo caso por la intuición del compositor, pero no
siempre fue así, el sistema arcaico de la escala pudo haber estado
integrado totalmente por ornamentos y formada por motivos estereotipados
con diversas funciones como comienzo o final o de carácter conjuntivo o
disyuntivo, hasta llegar a independizarse cada sonido en el proceso de
articulación y diferenciación sacándolos de su contexto original para
ser usados en forma libre e independiente. Lo mismo ha ocurrido en el
sistema armónico, los acordes en la Teoría Clásica no permitían en una
progresión total libertad de combinación. La necesidad de preparación y
resolución de la disonancia son ya motivos melódico-armónicos y también
las cláusulas de comienzo o conclusión (las Cadencias) tomadas como
fórmulas estereotipadas.
Actualmente, estando
ya en la etapa final de este proceso, las disonancias y los acordes se
usan con entera libertad e independencia. Todos los acordes se han
convertido en componentes libres, del mismo modo que los sonidos de la
escala se liberaron de su contexto motivacional dentro de un "modo" y se
mueven libremente.
El modo de la
audición profunda puede conseguirse cuando la conciencia se hunde en un
nivel inferior de percepción Gestalt-libre. Ésta se refleja en la
Estructura del Arte Irracional, es decir en la música muy moderna o muy
antigua.
Con respecto a la
percepción temporal, las derivaciones en "espejo" o "cangrejo" del orden
temporal de todo un tema o una pieza, es típica de la Música Medieval, en
las últimas fugas de Bach y en Arnold Schoenberg. Hay quienes los
critican como intelectualismos no emotivos ni artísticos; sin embargo
éstos constituyen una irrupción de los modos irracionales y
profundamente inconcientes de la percepción. Esto se ve en que es
imposible alcanzar tal perfección técnica mediante un esfuerzo sólo
consciente. Para componer una música cuya expresividad es la misma en
secuencia normal e invertida es necesario abarcar ambos órdenes
temporales en un solo acto indiferenciado de percepción.
Lejos de ser el
producto de un frío intelecto, las complejidades de la construcción de
las fugas por Bach apuntan hacia una participación decisiva de la mente
profunda temporal-libre en el acto de creación.
Schoenberg fue más
allá, y su música dodecafónica es la variación incesante de un mismo
tema, la serie, que puede aparecer en cualquier permutación temporal, la
mente superficial racional no puede crear ni percibir directamente si la
ley de la igualdad de los doce sonidos se cumple o no, pero esta
percepción sí es realizada a un nivel indiferenciado en el que la
ordenación superficial en el tiempo ya no tiene validez. Si un sonido u
otro fuera repetido o faltase, el sentido armónico de toda la estructura
disminuiría.
El estudio de la
Maestría de Bach y Schoenberg nos reafirma en que el funcionamiento de
la mente profunda está en realidad muy lejos de ser caótico, y que puede
superar en sus logros las funciones de la mente superficial.
El gran artista es
capaz de imponer su disciplina a su propia mente inconciente para
aprovecharla.
El uso creativo de
símbolos es posible gracias a la alternancia de la conciencia entre los
diferentes niveles de la mente, o sea entre estructuras gestalt-ligadas
(rígidas y estáticas) y estructuras gestalt-libres (flexibles y
creativas), una lucha entre dos principios de diferenciación racional e
indiferenciación inconciente.
La desintegración y
reconstrucción alternativas de la percepción superficial forman parte de
un proceso mucho más importante de desintegración y reconstrucción del
yo.
Si atribuimos todo
esto no tanto a un poder menor de articulación como a una voluntad de
introducir material formal inarticulado para confundir la articulación,
veremos entonces que existen dos fuerzas opuestas en la percepción
artística. Aparte del inexorable proceso de articulación que eleva
continuamente nuevas formas inarticuladas desde sus escondites al nivel
superficial articulado, estaría el proceso opuesto de "represión" de la
tendencia a introducir material formal inarticulado.
Quizás podamos ver
en esto la diferencia entre los tipos primitivos y civilizados de arte
en el contraste de tendencias dinámicas activas en ellos. El arte civilizado
tendería hacia una máxima articulación Gestáltica y depuraría sus formas
de elementos inarticulados mediante el orden y la armonía, en cambio el
arte primitivo tendería a reprimir los elementos formales articulados, y
sus percepciones fluidas y ambiguas, menos estéticas, tendrían un gran
poder emocional y plástico.
Podría explicar lo
expuesto los procesos históricos de transformación y el pasaje de unos
estilos musicales a otros, así como la evolución de los sistemas
musicales y la producción de Obras Maestras (como grandes síntesis de
las contradicciones presentes en un momento dado), que producen algunos
músicos especialmente dotados o al menos entrenados perceptivamente en
este sentido, mediante la idea de esta dinámica entre los elementos
racionales e irracionales (o concientes e inconcientes), que buscan
nuevas integraciones y plasmaciones en la realidad, llevando a cambios
de Paradigmas artísticos generados en la necesidad de nuevos estados de
equilibrio. Para lograr esto se producen nuevos sistemas que dan cuenta
de horizontes más amplios de la experiencia del hombre en relación a sí
mismo y al mundo, reflejado en lo específicamente musical en la
incorporación a dichos sistemas, y la respectiva reformulación o
ampliación de los mismos, de parámetros y cualidades sonoras que hasta
ese momento cumplían una función secundaria, tanto desde el punto de
vista de la técnica musical como perceptivamente (el timbre, el espacio,
etc.).
Lic.
Eduardo Kacheli
Bibliografía:
EHRENZWEIG, A. -
Psicoanálisis de la Percepción Artística
SCHOENBERG, A. -
Tratado de la Armonía
SCHOENBERG. A - El
Estilo y la Idea
MAURICE MERLEAU
PONTY - Fenomenología de la Percepción
COLLINGWOOD R. G. -
Los Principios del Arte
LEWIS ROWEL -
Introducción a la Filosofía de la Música