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Muzio Clementi
Sus aportes al mundo del Piano

por Angel Jábega Murado, pianista
http://www.angeljabega.es

 

Muzio Clementi (1752-1832), célebre compositor y pianista del siglo XVIII, constituye uno de los pilares fundamentales de la historia de la evolución de la técnica pianística, tanto por sus composiciones como por sus aportaciones pedagógicas. Por ello resulta fundamental el conocimiento de su figura y su legado.

Su carrera como concertista y compositor ocupa una primera etapa de su vida, aproximadamente hasta 1790. A partir de entonces, los intereses de Clementi se diversificaron, hasta el punto de que su actividad de editor, pedagogo y constructor de instrumentos supo garantizarle una fama que trascendió con creces su labor de compositor. De hecho, muchas de sus obras están hoy olvidadas y, sin embargo, gracias a su labor técnica y pedagógica se le ha llamado el "padre de piano".

Sus primeras obras, incluso más que los posteriores textos didácticos, nos hablan de una técnica inquieta, que no se conformaba con la digitalidad clavecinística: octavas, terceras, sextas y todo tipo de efectos instrumentales abarrotaban sus Sonatas, mientras que el gusto por la velocidad impregna desde el principio sus escalas, su agilidad, sus frecuentes notas repetidas. No sabemos cuál era, en realidad, esa velocidad, y es bastante probable que la técnica de Clementi no estuviera a la altura de la dificultad de sus obras, como Mozart criticaba.

Publicó unas sesenta Sonatas para piano solo, en donde propone innovaciones en el terreno de la sonoridad, por la potencia y riqueza de coloridos dinámicos que requiere o el frecuente contraste entre ligado y picado, tanto como un menor uso de la ornamentación. Sus obras incluyen además un impulso en la escritura en cuanto al uso de nuevos recursos técnicos, como el trémolo medido en el bajo (llamado basso di Murky ), los pasajes en octavas, terceras, etc.

Con Clementi, la técnica empezaba a ser, por sí sola, una auténtica preocupación compositiva, aspecto que unido al virtuosismo haría que Mozart lo tachara de antimusical. Las características de los nuevos instrumentos ingleses ofrecían magníficas oportunidades para este increíble desarrollo mecánico.

Con Clementi nace la figura del pianista especializado, que vive en contacto con las necesidades de su instrumento; con respecto a la instintiva naturalidad de Mozart, que aceptaba sin reservas la tradición, su posición es la de quien ve en el piano, en primer lugar, un instrumento con el que experimentar: un instrumento que estimula la búsqueda mecánica y el desafío a sus posibilidades sonoras.

Pedagogo activísimo, Clementi nos ha dejado dos textos fundamentales para comprender su concepción de la técnica:

  • "Introduction to the Art of Playing on the Piano Forte" : método de piano en el que las primeras páginas están dedicadas a la teoría, pero donde las mejores lecciones las encontramos en los ejercicios prácticos. Se trata de fórmulas breves y variadas que alternan problemas mecánicos diversos y están destinadas a entrenar separadamente cada mano.
  • "Gradus ad Parnassum" : cien estudios pensados para abordar todos aquellos aspectos técnicos que el instrumentista de alto nivel debe dominar.

En ambos libros, Clementi presenta ejercicios para obligar a la repetición obsesiva de la misma fórmula, esforzando la mano en busca de una mayor eficacia muscular.

Según la técnica de Clementi, la mano y el brazo deben estar mantenidos en posición horizontal, sin hundir ni levantar la muñeca; la silla debe, por tanto, ajustarse a este criterio. Los dedos y el pulgar deben colocarse por encima de las teclas, siempre preparados para tocar, curvando los dedos hacia dentro, en mayor o menor medida, en proporción a su longitud; y debe evitarse todo movimiento innecesario.

Considera que el arte de la digitación es el fundamento para producir el mejor efecto de la manera más fácil. El efecto, siendo lo más importante, es lo primero que hay que considerar, luego se inventa la manera de conseguirlo; y la mejor manera de digitar es la que lleva al mejor efecto, aunque no siempre sea la más fácil para el ejecutante. Así, el antiguo espeto por las características de cada dedo se enfrenta a nuevas prioridades.

Clementi muestras un interés especial por el legato. En esta época, la mayoría de los pasajes no se tocaban legato a menos que se indicara específicamente. Clementi fue probablemente el primero que estableció el estilo que se mantiene desde entonces. Se separó de las ideas del s. XVIII al escribir: "la mejor regla es mantener apretadas las teclas del instrumento toda la duración de cada nota". En las notas dobles sus ejercicios relaciona el staccato y el legato con dos digitaciones distintas, con una clara predilección por esta última fórmula. En función del legato está también su apego a las sustituciones, además de algunos interesantes esbozos de una técnica del cantabile relacionada con la escritura polifónica.

En su obra nos propone sin rodeos una nueva concepción del ataque de la tecla basada en la intervención del antebrazo. En sus ejercicios del Gradus ad Parnassum encontramos combinaciones del antiguo ataque digital y esta nueva intervención del brazo, que contemporáneamente también estaría desarrollando Beethoven. Por mucho que Clementi y sus alumnos se esmerasen recomendando a los jóvenes principiantes la inmovilidad de la mano y del brazo, el punto de llegada es, por primera vez, una técnica en la que el antebrazo tiene confiado un papel activo en la producción del sonido.

Si incorporamos a la técnica digital la participación del brazo, la sonoridad cambia: cambia la manera de acentuar, se amplía el espectro dinámico y crecen las posibilidades de realizar efectos tímbricos distintos.

Su manera de concebir la ejecución afectó de manera decisiva a la producción tardía de Haydn y llegó a transformar por completo la escritura de un hombre como Luigi Cherubini.

La importancia de su labor didáctica queda demostrada en un impresionante listado de alumnos, que lleva el nombre de Clementi más lejos que el de cualquier otro pedagogo en la historia de los instrumento de teclado: fueron alumnos suyos Berger, Bertnin, Cramer, Field, Hummel, Klengel, Meyerbeer y Moscheles, todos ellos personajes decisivos en la historia del piano, sin olvidar la influencia que Clementi ejerció sobre el mismo Beethoven.

Clementi, no obstante, no dejó en herencia una teoría clara y unívoca que permitiese hablar de una "escuela" coherente y fácilmente identificable. Entre sus seguidores había auténticos intelectuales, pero también músicos de una superficialidad sorprendente; y pianistas que destacarían por su variedad de ataques (como Moscheles) se encuentran al lado del mismísimo Kalkbrenner, inventor del Guide-main y profeta de la más completa inmovilidad del brazo.

De lo que no cabe duda es de que a partir de Clementi se crearía el caldo de cultivo de todo el posterior pianismo romántico.

 

 

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