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Mini-biografía de Carlos Visnivetski
-escrita por su esposa-
Contar la historia de una persona significa
meterse dentro de un túnel del tiempo. Tarea difícil porque ese
túnel es una construcción tan íntima y personal que sólo el que la
ha vivido podría ordenarla. Carlos, hace un par de años escribió la
suya y la dejó como un legado que repartió entre sus más íntimos.
Por eso es que hoy, haciendo un vuelo rápido entre esas hojas
redactadas con amor y humor, nos acercamos a ustedes y les contamos
algo sobre Carlos Visnivetski.
Nació en Buenos Aires el primero de septiembre de 1944 y vivió en un
barrio porteño sus primeros años. Luego la familia se mudó a
Castelar y fue ése el lugar en el que, más tarde, fundó la propia
familia: Liliana, Laura y Adriana. María Sol fue el regalo bahiense.
La escuela secundaria lo graduó de Bachiller en Sanidad y aunque
pocos lo saben, inició sus estudios en la facultad de Medicina donde
se entabló una encarnizada lucha entre su verdadera vocación y lo
que se esperaba de él...
La magia de la música envolvía sus pensamientos. Su idea era ser
director de orquesta y su mamá, que era profesora de piano, lo apoyó
en esa nueva senda. El oboe no fue elegido, llegó como un
instrumento más, que junto con uno de cuerda y el piano, le
facilitarían el camino de la dirección. Pero la vida, que tiene sus
sorpresas, se lo dejó en las manos para convertirlo en su compañero
de ruta para siempre, y, como él mismo se definía, transformarlo en
"el mejor solista de oboe... de la cuadra."
Lo llevó a la colimba y, en la Banda del Ejército, trocó disparos
por melodías. Lo alistó en la Banda Sinfónica de la Fuerza Aérea y
durante diez años recorrió sinfonías y marchas militares al mismo
tiempo. Pero siempre, siempre, armando tríos, cuartetos o quintetos
con sus compañeros, para poder dejar volar los sueños musicales
aunque la sala de ensayo fuera el interior de su Citroen.
El Collegium Músicum lo tuvo como alumno, pero también como
bibliotecario. Empezó a enseñar en distintos colegios y hasta le
ganó un puesto a Pipo Pescador (para pesar de los directores cuando
más tarde se dieron cuenta).
Los años duros lo alejaron de la Fuera Aérea y, el terremoto de
Caucete, del puesto que cubrió en la Orquesta de San Juan, de la
mano del Maestro Fontenla.
La Orquesta Filarmónica del Teatro Colón, el Teatro Roma de
Avellaneda, una temporada completa con Gasalla for Export, otra con
Estela Raval en Michelangelo, la Orquesta Juan de Dios Filiberto,
clases en distintos conservatorios, festivales, grupos musicales. La
famosa frase "la música es el arte de combinar los horarios" se
ajustaba perfectamente a la vorágine de su vida.
Fue en 1978, cuando en un ensayo de la Filarmónica, el maestro
Antonio Russo le habló de un puesto en Bahía Blanca (el concurso lo
hizo con Beatriz Blasberg como pianista acompañante). La suerte
estaba echada y su ingreso a la Estable, que como él contara, era en
ese momento lo menos estable que uno pudiera imaginarse, permitió,
con la dureza y la ternura más maravillosa, que su crecimiento
personal se hiciera posible. La Estable se convirtió en Sinfónica,
una institución jerarquizada donde su placer por tocar se desprendía
en cada concierto.
Es imposible mencionar todo lo que Carlos hizo en Bahía, sólo
referiré algunas actividades: ser profesor de distintas cátedras en
el Conservatorio (casi todos fueron alumnos de él), formar, dirigir
y hacer los arreglos de la Orquesta del Conservatorio de Música,
integrar el Conjunto Barroco, el Cuarteto de Vientos Arte, el
Quinteto de Vientos de la Orquesta Sinfónica; el Quinteto de Vientos
de Bahía Blanca; formar, dirigir y preparar los arreglos para los
Conciertos Didácticos que llevaron la orquesta a las escuelas de
Bahía y la zona. Preparar artículos didácticos para la revista
Totópolos. Fundar y dirigir el Coro Municipal Bahiense de la Tercera
Edad; los coros de la Asociación Israelita, ser maestro de esa
institución, etc.
"El Cine y su Música" fue su última y más completa actividad. Hizo
gran parte de los arreglos, dirigió, tocó, cantó y hasta actuó
disfrazado de un viejo judío ruso y de un apuesto cowboy. Esto fue
tan sólo hace un año... Y aunque él pensara que la música que se
toca no perdura como un cuadro o una escultura, nosotros sabemos que
no es así. Su obra está grabada en los corazones de aquellos que lo
conocimos y también sabemos que cada vez que recordemos algo de todo
lo que hizo, nos reencontraremos con el hombre inteligente,
solidario, honesto, laburador, perseverante y sensible que, desde
algún lado, nos está mirando. |