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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 26)

EL CONSERVATORIO

(O EL EXTRAÑO CASO DEL PROFESOR "COMODÍN" CON EL PUNTAJE MÁS BAJO DE TODO EL CONSERVATORIO)

Tal como figura en el Curriculum "casi oficial", no tengo título de Profesor de Música. En el Conservatorio ostento el dudoso privilegio de ser uno de los profesores con el menor puntaje de todo el plantel (junto con mis apreciados colegas Gabriel Di Cicco y Edgard Mauger de la Branniere): algo así como 210 puntos. Por lo tanto es muy curioso y extraño que haya accedido a dar tantas materias a lo largo de tantos años ("Oboe", "Apreciación Musical I y II", "Conjuntos Instrumentales Escolares I y II", "Conjunto Instrumental", "Práctica de Conjunto Vocal e Instrumental I, II y III", "Transcripción e Instrumentación de Partituras" y "Espacio Institucional Alternativo Orquesta - Banda I y II") hasta el punto que durante ocho años seguidos llegué a tener 23 horas cátedra en varias materias diferentes y ya no tenía tiempo para estudiar ni para ninguna otra cosa, por lo cual las fui abandonando poco a poco hasta quedarme con las actuales 10 horas. Y ni siquiera menciono el haber sido designado para formar la Orquesta del Conservatorio, en 1997. ¿Cuáles son las razones de esta sinrazón? Se me ocurren cuatro respuestas:

1) Tengo mucha suerte.

2) Tengo mucha mala suerte.

3) En aquélla época no era tan fácil como ahora conseguir profesores con título.

4) Soy un genio incomprendido.

OBOE

Como ya dije antes, a fines de 1978 el Maestro Guala me ofreció la cátedra de Oboe en el Conservatorio, que en ese momento estaba vacante (tampoco había cátedras de clarinete, fagot, trompeta, corno, trombón, viola, cello, contrabajo ni arpa).  A principios de 1979 presenté una carpeta con antecedentes y me dijeron que, para que se pudiera abrir una cátedra nueva, era necesario que hubiera cinco alumnos aspirantes. Como el Conservatorio quería que la cátedra se abriera, se anotó una alumna de oboe que ya estaba adelantada y otros cuatro alumnos "fantasmas" principiantes que asistieron durante unos meses y luego abandonaron.

"Oboe" fue la materia que me permitió el ingreso al Conservatorio y la que dio lugar a que luego fueran apareciendo todas las otras materias que el destino me hizo afrontar.

Quizás sería necesario aclarar qué es un oboe, para qué sirve y, consecuentemente, qué significa ser profesor de oboe en un conservatorio de una ciudad del "interior".

El oboe es un instrumento de viento, de la familia de las maderas, de doble caña. En una orquesta sinfónica ocupa una posición vecina a la flauta, o sea que es una de las voces agudas y "cantantes". También tiene una función muy particular, que es la de "dar el la" para que toda la orquesta afine.  Además de su presencia en las orquestas sinfónicas, se lo suele ver también en formaciones de cámara, tales como tríos, cuartetos y quintetos de vientos, en obras del período barroco o bien en dúos o sonatas con piano.

En cambio, no es común ver ni oir un oboe en orquestas ni grupos de tango, de jazz, de rock (ya sea nacional o importado), de cumbia (ya sea de la villa o del centro), de folklore (ya sea argentino, latinoamericano o de cualquier otro país del mundo) ni en las bandas militares de desfile. No es lo que se dice "un instrumento popular"…

El oboe también tiene otras "contras": es uno de los instrumentos proporcionalmente más caros y también es uno de los más difíciles. Y tiene una dificultad agregada que es la de la "caña". Es difícil explicar en pocas palabras qué es una "caña" y es mucho más difícil explicar lo que significa una buena caña para un oboísta. Digamos que la embocadura que lleva el oboe está formada con dos pequeños pedacitos de caña, de una caña muy especial que sólo se consigue en pocos lugares del mundo, y que generalmente es armada y "raspada" por cada oboísta según sus gustos y necesidades. Cada caña tiene una duración limitada y, por lo tanto, cada oboísta debe estar constantemente armando y raspando cañas. Aprender a "hacerse la caña" es una tarea larga y frustrante. Por lo tanto…he aquí una interesante pregunta: ¿quién les prepara las cañas a los alumnos principiantes hasta que aprenden a hacerse sus propias cañas? ¿Y quién tiene que tratar de convencer a los padres de los alumnos principiantes para que hagan la inversión de comprarse los materiales necesarios (además de la compra del instrumento en sí misma)?

La respuesta es obvia. El profesor de oboe tiene la tarea de enseñar el instrumento y, al mismo tiempo, varias otras tareas que le insumen mucho más tiempo y dinero que la "hora cátedra" asignada.

Así como hay muy poca gente que conoce la existencia de este instrumento, es escasísima la gente que en algún momento decide ponerse a estudiarlo. Comparte esta condición con algunos otros instrumentos, tales como la viola o el fagot. En el Conservatorio de Bahía Blanca directamente no existe una cátedra de fagot, pero la inscripción anual de alumnos para las cátedras de oboe o viola es muy cercana al cero absoluto.

En mi caso particular, tuve un año "record", 1984, con una inscripción de 8 alumnos, hubo años de 6, de 4, de 2, de uno y varios años en los que no hubo inscripción alguna. Por esas cosas de la "deserción", de todos los alumnos inscriptos a principio de año, generalmente quedaban uno o dos para fines del año. Haciendo una rápida comparación, para atender a los numerosos alumnos de guitarra y piano existen más de 15 profesores para cada uno de los instrumentos; para atender a los alumnos que cursan saxofón o flauta hacen falta 3 profesores de cada instrumento. Para "oboe", con un profesor sobra.

Hice una estadística curiosa. En 27 años dando esta materia, se inscribieron un total de 71 alumnos, lo que da un promedio de inscriptos de 2,62 por año. De todos estos alumnos que alguna vez comenzaron, sólo dos completaron la carrera en el  mismo  Conservatorio, lo que da un promedio de egresos de un profesor de oboe cada trece años y medio. Estos dos héroes excepcionales son Pamela Abad Quintaié, suplente de solista en la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata, y Andrés Vigil Mendoza, suplente de solista en la Orquesta Sinfónica de Bahía Blanca. Otras dos alumnas completaron sus estudios en otras ciudades y son exitosas oboístas: Andrea Porcel (Mar del Plata) y Andrea Obiol (Londres). Otra alumna ya era una fina oboísta cuando se inscribió y cursó sólo durante un año: Patricia Larrosa. En el momento de escribir estas líneas, noviembre de 2005, sólo están cursando tres alumnos de oboe: dos alumnas veinteañeras en el nivel de Tecnicaturas y un niño de doce años en su primer año de Taller. Los otros 65 inscriptos fueron abandonando en los primeros años o bien se dedicaron al estudio de otros instrumentos.

Entre los "valientes" que alguna vez se animaron a encarar el estudio del oboe en este Conservatorio y contribuyeron a la subsistencia de esta humilde cátedra, hay en este momento todo tipo de profesionales en diferentes disciplinas. Además de los oboístas antes mencionados, podemos contar desde diferentes profesores de Música en el Conservatorio, incluyendo a su actual Vice-Director, alumnos y exalumnos que ejecutan brillantemente otros instrumentos, un músicoterapeuta, una traductora pública, una abogada, una cantante de "pop lírico", egresados universitarios de diferentes carreras y hasta un psicopedagogo que es además diputado provincial. Voy a rendirles honor y los voy a dejar asentados para la posteridad en este documento único:

- 1979: Andrea Porcel.

- 1980: Cora Pesci, Nora Lasdica y Natalia González.

- 1981 y 1982: ningún inscripto

- 1983: Andrea Obiol, Diego Laurella, Marcelo Barroso, María G. Ravasio, Flora Giovanniello y Guillermo Rodríguez.

- 1984: Andrés Vigil Mendoza, Osvaldo Di Dío, Rubén Rainieri, Andrea Persichini, Andrea Rotstein, Lina Pérez, Victoria Amaya y Mariela Apelans.

- 1985: Lucrecia Serralunga, María E. Rodríguez, Carlos Bilbao y Claudia Soldá.

- 1986: Valeria Fariña, Leonardo Storni, Amalia Villamil y Claudio Masson.

- 1987: Mariana Isa.

- 1988: Susana I. Güichal, Sergio M. Franco, Sebastián D’Amicis y Jorge Svaton.

- 1989: Ricardo D. Wais y Jorge A. Katcoff.

- 1990: ningún inscripto

- 1991: Pamela Abad Quintaié.

- 1992: María J. Arellano, Susana Alonso y Maximiliano Lizondo.

- 1993: Gwendolyne Moore, Valeria Mangano y Marta Bilbao.

- 1994: Liliana Di Giovanna, Ana Carolina Mayo, Andrea Zuntini, Ignacio López Corral, Germán Leguizamón y Emanuel Delaygue.

- 1995: ningún inscripto

- 1996: María C. Caldironi, Omar Sapuri, Antonella Parcaroli y Cecilia Carnero.

- 1997: Hugo Francesi y Pablo Sellán.

- 1998: Aldana Savino, Gastón Unzú, Leonardo D’Annunzio y Domingo Montero.

- 1999: María A.Varela, Miguel A. Larobina, Graciela Iñíguez, Daniela Rossi, y Facundo Vázquez.

- 2000: Patricia Larrosa, Lucía Gentile y Julio Estévez.

- 2001: Eliana Pecini.

- 2002: Germán Martínez, Antonio Lliteras y Soledad Rodríguez.

- 2003: Maximiliano Playán.

- 2004: ningún inscripto.

- 2005: Agustín Romano y Sabrina E. Trossero.

A fines del año 2005, mientras escribía estas líneas, pensaba que ya era hora de pasar la posta y que otro profesor armara y raspara las cañas de los futuros alumnos. Efectivamente, estoy con una licencia por un año, con la determinación de presentar definitivamente la renuncia a fines del 2006. Tal como marca la ley de la vida, se hizo cargo uno de mis alumnos, egresado en 2000: el Profesor Andrés Vigil Mendoza.

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