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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 2)


CURRICULUM VITAE - "El real"

INTRODUCCIÓN

Cuando llegó a Bahía Blanca el nuevo director de la Sinfónica, el Maestro Gustavo Plis-Sterenberg, puso en funcionamiento un nuevo sistema de conciertos de cámara con los integrantes de la orquesta, auspiciado por la Asociación Amigos de la Orquesta y por la firma “Profértil”. Cada músico recibiría cien pesos por cada presentación. Así fue que, con el único objeto de ganar los cien pesos, se formaron numerosos y efímeros dúos, tríos, cuartetos y otros grupos que difícilmente se hubieran formado por amor al arte. Yo no formé parte de ningún grupo y eso le llamó la atención al director. Me preguntó si no me interesaba la música de cámara. En ese momento lamenté no tener a mano algún documento en el que aparecieran todos los grupos de cámara que formé en los últimos cuarenta años. Ese hecho fortuito fue uno de los orígenes de este mamotreto.

El Curriculum Vitae es un documento ambiguo. Cuando somos jóvenes y necesitamos conseguir un trabajo, no tenemos ningún curriculum para presentar. Y cuando por fin tenemos un buen curriculum, entonces ya es tiempo de jubilarse. Ahora que ya pasé los sesenta y la palabra "jubilación" comienza a rondar, ahora que ya tengo un buen curriculum, me acabo de dar cuenta de que en este curriculum faltan un montón de cosas. Antes y después y por el medio y metiéndose por los resquicios del curriculum oficial están las verdaderas historias.

Mis padres y mis abuelos me contaron muchas cosas de sus vidas. Historias extrañas o anécdotas divertidas. Poco a poco las fui olvidando y ya no hay manera de volver a recordarlas. Ojalá alguien las hubiera escrito en su momento. Que no suceda lo mismo conmigo y mis hijos y nietos. Voy a escribir mis historias todas juntas a continuación, para que mis hijos, nietos y bisnietos puedan leerlas y para todo aquel que desee conocerlas. Y si nadie las lee... bueno... me habré divertido a mí mismo recordándolas a medida que las vaya escribiendo.

A continuación: el verdadero curriculum...


AUTOBIOGRAFÍA  PERSONAL  ANECDÓTICO - MUSICAL
(El verdadero curriculum)

PRIMERA PARTE:  BUENOS AIRES (1944-1977)

Mi mamá era pianista y tenía muchos alumnos, así que yo me pasaba el día escuchando y observando cómo ella y sus alumnos estudiaban. Yo conocía “de  oreja” un amplio repertorio pianístico. Cuando el piano estaba libre yo me sentaba y tocaba, aunque nunca acepté que mi mamá me enseñara seriamente. Mis viejos escuchaban Radio del Estado y Radio Municipal, así que yo también conocía un amplio repertorio sinfónico y de cámara. También me llevaban a los conciertos sinfónicos en la Facultad de Derecho y a los conciertos de cámara de la Facultad de Medicina, todos organizados por Radio del Estado. No asistíamos tanto al Teatro Colón, aunque recuerdo una vez un Festival Gershwin desde un palco, que me dejó cantando y silbando durante toda la semana. 

Cuando tenía 11 años y estaba en quinto, en mi escuela de Castelar, la Nº 17, se formó un coro. Lo dirigía el papá de unos compañeritos. Se llamaba Juan Schultis. A mi nunca se me hubiera ocurrido cantar en un coro pero, como mi compañero Bocha Ferreyra quería entrar al coro y le daba  vergüenza, me obligó a acompañarlo. Al poco tiempo un avión Gloster Meteor que estaba levantando vuelo desde la Séptima Brigada Aérea cayó en la puerta de la escuela y mató a varios chicos, entre ellos a Bocha. Pero yo seguí en el coro, que luego se transformó en el Coro Juvenil de Castelar. Estuve desde los 11 hasta los 20 y terminé dirigiéndolo y formando otro grupo coral con chicos pequeños. Allí también conocí a Liliana, mi esposa, que entró al coro cuando ella tenía 10 años y yo 14.

Cuando tenía 15 años a mi papá se le ocurrió estudiar guitarra. Él ya era un hombre grande y bastante duro para la música. Le costaba mucho entender la escritura musical y las posiciones en la guitarra, entonces me pedía que yo le ayudara. Así fue como terminé estudiando guitarra junto con él, durante dos o tres años, con un viejo profesor español en nuestro  barrio. Mi viejo se la pasaba tocando piezas populares españolas fáciles, pero yo prefería luchar contra el Método Carulli y me aprendí  de memoria todos los estudios de las primeras páginas.

Una etapa extraña y divertida fue mi paso por el "Bachillerato en Sanidad". Yo tenía 15 años, estaba en tercer año del Nacional de Morón y mi papá se enteró de que se estaba por abrir una escuela nueva, dependiente del Ministerio de Salud Pública y que funcionaría en Ramos Mejía. En realidad funcionaba en lo que ahora se conoce como Hospital Posadas, pero en aquella época estaba recién construido y se denominaba “Instituto Nacional de la Salud”. Ubicado a mitad de camino entre Ramos Mejía y Haedo, en un barrio denominado Villa Sarmiento. La carrera tenía tres años y había que ingresar después de haber cursado tres años del bachillerato común, con lo que se cumplían seis años en total. El último año era de prácticas en los hospitales. Pero lo interesante del caso es que, con tres compañeros, formamos un cuarteto vocal, el “Cuarteto Vocal del Bachillerato en Sanidad”, que solía participar en los actos patrios y del cual nos quedó un disco de pasta, de esos que se grababan en una de las galerías debajo del Obelisco. Había que hacer una sola toma y era la única y así quedaba el disco. De un lado grabamos "Pueblito, mi pueblo" de Carlos Guastavino y del otro lado la "Vidala santiagueña" de Gilardo Gilardi. Siempre recuerdo a mis compañeros Mabel Lovera (soprano) y Betty Chemes (contralto), a quienes nunca más volví a ver, y Rodrigo Mon (tenor y cura frustrado), con quien nos hemos visto alguna vez y todavía nos escribimos de vez en cuando.    

Al terminar el secundario y mientras todavía estaba en el Coro Juvenil de Castelar, ingresé en Medicina. En la Facultad me pasaba más tiempo en el salón de actos que en las clases. En el “aula magna” había todo tipo de conciertos y allí tuve la enorme dicha de conocer a Astor Piazzolla y su Quinteto Nuevo Tango. Esto sucedió por 1962, cuando yo tenía 17 o18 años. Ya por entonces me interesaba más la música que la medicina. En ese momento, gracias a la recomendación del Maestro Schultis, comencé a trabajar en la biblioteca del Collegium Musicum y descubrí un mundo nuevo. Era una biblioteca esencialmente musical, así que por mis manos pasaban desde las primeras “fotocopias” de pequeñas obras corales, impresas una por una con gelatina, hasta la obra completa de Bach, que ocupaba 47 inmensos tomos.

Aunque había aprobado el “premédico” y había ingresado a primer año, decidí hablar con mis padres y dejar Medicina. En realidad lo que yo quería era llegar a ser director de orquesta. Comencé a estudiar “seriamente” y Juan Schultis se transformó en mi maestro de armonía y dirección coral durante varios años. Al mismo tiempo, comencé piano con Celia Bronstein y oboe con Germán Ehrenhaus. Por qué estudié oboe y por qué elegí a Ehrenhaus merece un párrafo especial.

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