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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 17)

RECREOS DE TOTÓPOLOS
GRUPO DE CONCIERTOS DIDÁCTICOS DE LA ORQUESTA SINFÓNICA

Después de que el Cuarteto de Vientos "ARTE" culminó (o, mejor dicho, no pudo culminar) su ciclo de “Microconciertos Matutinos” en 1985 (ver páginas 56 y 57), el Señor Gustavo Monacci, Director de Cultura de la Biblioteca Rivadavia, me solicitó en repetidas oportunidades que le organizara un ciclo similar. A mediados de  1987, siendo director de la Sinfónica Esteban Gantzer, los editores de "TOTOPOLOS", revista infantil editada todos los domingos por el diario "La Nueva Provincia", tuvieron la idea de realizar cuatro conciertos didácticos para niños en la Biblioteca Rivadavia, los que se denominarían "Recreos de Totópolos".  Gantzer me encomendó encargarme del proyecto. Como los “Microconciertos” se habían armado en base a instrumentos de viento, pensé en hacer estos didácticos exclusivamente con  vientos. 

Una vez que los cuatro conciertos didácticos concluyeron, nos dimos cuenta de que hubiera sido mucho mejor hacerlos también con cuerdas y percusión. Fue así como, a principios de 1988, nos reunimos con Rubén Molinari y Danilo Grimoldi, con la idea de preparar un proyecto global de concierto didáctico y, una vez que estuviera listo, presentarlo ante la Dirección. El proyecto contemplaba un “argumento” o “hilo conductor”, las obras a ejecutar y los músicos que participarían. Debía incluir a los cuatro instrumentos principales de cuerdas, maderas y metales, más un percusionista: en total, 13 personas. Yo tocaría el oboe pero además me haría cargo de los relatos, explicaciones y  dirección;  los arreglos los haríamos Danilo y yo.

Danilo tomó cuatro danzas a cuatro voces de la Suite Danserye de Tilman Susato, orquestándolos para los  cuatro instrumentos de cuerda, los cuatro de madera y los cuatro de metal, con un acompañamiento divertido de percusión. Presentábamos una de las danzas a la manera de obertura y luego cada instrumento la tocaba individualmente, para que todos conocieran cómo sonaba cada instrumento. Por mi parte,  hice dos arreglos de canciones "de moda" para todo el grupo junto: "Gigante, Chiquito", de Sergio Denis y R. Hernández, para que cantaran los niños de las escuelas primarias, y "Todo a pulmón", de Alejandro Lerner, para que cantaran los alumnos de las secundarias.

A partir de ese momento, se realizó una promoción entre todas las escuelas de la ciudad y la zona, lo que concluyó en la posibilidad de asistir a una escuela distinta cada viernes, de 11 a 12, durante varios años. Poco a poco se fue transformando en un verdadero "show", con bromas entre los músicos, con la interpretación de las canciones con niños solistas de las escuelas, micrófono mediante, con preguntas y respuestas acerca de los instrumentos o los autores de los temas, etc. 

Para 1991 modificamos el repertorio. Hice una "Obertura" en base a "Luces de mi ciudad" de Mariano Mores,  en tiempo de marcha, tal cual como se escuchaba en el programa para jóvenes "Feliz Domingo", que conducía Silvio Soldán, y agregué otras canciones, tales como "Que canten los niños", de José Luis Perales y "Manuelita la Tortuga", de M. E. Walsh (para las primarias) y "No quiero ser más tu amigo", de César "Banana" Pueyrredón y J. Scoufalos (para las secundarias).

Una de mis bromas preferidas era comenzar con el tema de "Feliz Domingo", que todos los alumnos conocían por haberlo escuchado infinidad de veces como cortina del programa televisivo. Inmediatamente después de haberlo tocado completo, yo les preguntaba cómo se llamaba y quién era el autor... por supuesto jamás nadie me contestó.

Luego les preguntaba cómo se llamaba el tema musical del programa "Tiempo Nuevo" de Bernardo Neustadt. Todos contestaban que era de Piazzolla pero nadie sabía su nombre (Fuga y Misterio, de la "operita" María de Buenos Aires). Entonces yo hacía alusión a los poderes opuestos de la televisión: por un lado te hacen la propaganda de un disco que quieren que compres y a los 15 días terminás comprándolo; pero por otro lado, si no les interesa vendértelo, te pueden pasar un tema durante años, domingo tras domingo, y vos nunca te enterás cómo se llama ni quién es el autor. Una cosa es la guita y otra la cultura.

Tantas visitas a tantas escuelas diferentes nos obligaban a adecuar o adaptar nuestro mensaje y llegamos a "aceitar" el espectáculo de manera muy seria y profesional, a pesar del clima de buen humor que imperaba. Los mejores espectáculos, con un vaivén de preguntas y respuestas,  tuvieron lugar en el Conservatorio (dos veces) y en el Instituto Avanza, ante un salón colmado de estudiantes de profesorados y numerosos profesores. En Punta Alta habían reunido a varias escuelas y colocaron micrófonos y amplificación. Así que invité a cantar a varios niños, que fueron acompañados por nuestra "orquesta".  

Como contrapartida, puedo comentar lo que sucedió en el secundario de Bravard y Vieytes. El grupo de músicos estuvo preparado en medio del gimnasio, listo para comenzar, durante largos minutos, sin que yo pudiera conseguir que los alumnos que llenaban las gradas dejaran de gritar y proferir todo tipo de exclamaciones. Como ningún directivo, profesor o preceptor se hacía presente como para restaurar el orden y el tiempo pasaba, finalmente decidí, con bastante susto por las posibles consecuencias, que nos levantáramos y nos retiráramos sin realizar el concierto, cosa que hicimos rápidamente sin que nunca tuviéramos más noticias del hecho...   

Los conciertos didácticos fueron muy exitosos y se mantuvieron durante todo el período que permaneció Gantzer al frente de la Sinfónica, hasta 1992. Todavía hoy me encuentro con alguna persona que recuerda cómo se divirtió con mis bromas musicales en su escuela primaria, o con alguna maestra o directora que me pregunta por qué no los hacemos más...

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