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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 16)

BAHÍA BLANCA - ORQUESTA SINFÓNICA

Fue justamente en un ensayo de la Orquesta Filarmónica dirigido por Antonio Russo que éste se me acercó y me preguntó si yo estaba enterado de lo de Bahía Blanca. Que había una pequeña orquesta y que el gobierno militar estaba tratando de transformarla en sinfónica y que pensaban hacer concursos y pagar buenos sueldos. Esto sucedía por septiembre u octubre del 78, cuando yo recién había terminado de cobrar los cinco meses de sueldos atrasados de la Filiberto...

Yo sabía muy poco de Bahía Blanca y no sabía nada de su orquesta. Casualmente, pero muy casualmente, había viajado en julio con la Filiberto y habíamos tocado en el Teatro Municipal. Sólo había estado un domingo de julio, en pleno invierno, y lo único que recordaba  era  salir del Hotel Belgrano, a las cinco de la tarde, enfrentarme con las frías vidrieras de la "Cooperativa Obrera", caminar con algunos de mis compañeros las cuatro o cinco cuadras hasta el Teatro  y sorprendernos de no ver ni un alma en la calle.

Conversando con mis compañeros de la Filarmónica, el panorama que me pintaban era muy sombrío. Por un lado nos llegaban comentarios terribles acerca de la represión militar en esa ciudad, con teléfonos para denunciar, secuestros y desapariciones. Por el otro lado, los músicos de Buenos Aires y La Plata tenían malas experiencias con la orquesta, ya que el director de la "Orquesta Estable" los contrataba cada vez que hacía un concierto, para completar la escuálida formación, y después tardaban meses en cobrar. Todos me recomendaban no presentarme al concurso y que ni se me ocurriera aparecer por Bahía Blanca.

Sin embargo Russo insistía. Al parecer él tenía noticias de que todo cambiaría para bien y que la orquesta de Bahía Blanca estaba en el inicio de un franco ascenso. El Gobierno Militar había tomado posesión de todo y también de la Dirección de Cultura y Educación y del Teatro Argentino de La Plata (que casualmente se había incendiado en 1977, mientras yo estaba en San Juan). Yo ya sabía que en el Teatro Argentino habían tomado muchas medidas drásticas, por ejemplo, obligar a los instrumentistas que trabajaban en dos o tres orquestas o bandas a que optaran. Si optaban por continuar en el Argentino, debían renunciar a los demás puestos. Pero, al mismo tiempo, en Bahía Blanca, se habían propuesto crear una orquesta sinfónica (sobre las cenizas de la "Orquesta Estable", que no era nada estable) y equiparar sus bajísimos salarios con los de la Orquesta del Teatro Argentino.  

Mis opciones eran: seguir corriendo como loco por los diferentes curros en Buenos Aires o quizás poder llegar, por primera vez,  a ser primer oboe de una orquesta sinfónica. Y ya había cumplido 34 años...

Recuerdo que le escribí una carta a mi primo Yoyo de Bahía Blanca, arquitecto, pero que había estudiado piano y tanto él como su esposa habían sido coreutas aficionados. Él me contestó positivamente, pronosticando o imaginando mi futuro en Bahía Blanca: "solista en la Sinfónica, profesor en el Conservatorio, director de coros en la Asociación Israelita"... Fue una carta muy linda y esperanzadora y, lo que él pronosticó, finalmente sucedió de verdad, tal como él lo había previsto.

En octubre de 1978 se realizó el concurso en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, en la Avenida Callao, cerca del Congreso. En el jurado había gente de Cultura de la Provincia y estaba también el director de la entonces "Orquesta Estable de Bahía Blanca", el Maestro Alberto Guala. Tuve mucha suerte porque sólo se presentaron jóvenes estudiantes avanzados de oboe y gané fácilmente. Fue la última vez que toqué acompañado por mi pianista y amiga Betty Blasberg. Recuerdo que al salir por Callao íbamos caminando con Betty y por todos lados se escuchaba una canción inglesa que estaba de moda y que decía "bicycles, bicycles". 

Contra la opinión de todos los músicos de Buenos Aires y siguiendo el consejo del director Antonio Russo, hice todos los trámites en La Plata y el día 6 de noviembre del 78 me fui (o me vine) para Bahía Blanca, justo el día del cumpleaños de mi esposa.

En ese momento, tanto la Orquesta Estable como el Conservatorio de Música tenían su sede en el Teatro Municipal, siendo el Maestro Guala director de ambas instituciones. Además, en el Teatro también tenían su sede el Ballet del Sur y la Escuela de Danza... Por lo tanto, cuando entré por primera vez por la puerta de Dorrego 120, me encontré con un montón de chicos con instrumentos y otros con ropa de bailarines. La primera persona adulta que encontré era una dama con guardapolvo blanco, lo que me pareció extraño en un teatro. Era una preceptora del Conservatorio que me "transfirió" hacia la secretaria de la Orquesta, quien trabajaba en la oficina contigua.

Lo primero que hizo el Maestro Guala fue preguntarme si me interesaría ingresar en el Conservatorio como profesor de oboe, cosa que se materializó a partir del siguiente año. En ese momento no había profesores de instrumentos de viento. Los pocos alumnos de vientos habían estado atendidos por los diferentes instrumentistas que asistían con cierta regularidad, cada vez que el Maestro Guala organizaba un concierto de la Orquesta Estable.

La orquesta "Estable" con la que me encontré era lo más "inestable" que uno puede imaginar y no era lo que se puede llamar una "Orquesta Sinfónica". El número total no alcanzaba las cuarenta personas y le faltaban muchos instrumentos. En ese momento había dos flautas, un solo oboe (que, como era menor de edad, estaba como practicante),  un solo fagot, dos trompetas y un corno. No tenía clarinetes, ni trombones, ni tuba. Las cuerdas se reducían a unos pocos violines, tres violas (luego de muchos años el tema de la falta de  violas fue constante y recién hoy día, agosto de 2005, la orquesta pudo alcanzar las seis violas), y unos pocos cellos y contrabajos.

En el momento en que llegué estaban preparando la ópera "El barbero de Sevilla" que se iba a dar en el Teatro Rodolfo Funke de Tornquist bajo la dirección de Guillermo Brizzio.        Creo que ese fue mi debut con la orquesta y fuera de Bahía Blanca. En el Teatro Municipal me tocó debutar justo el día en que el maestro Guala daba su último concierto, pues ya se jubilaba, el 15 de diciembre de 1978. Ese fue también el último concierto sinfónico de la temporada 1978, así que fue un día histórico bajo diferentes puntos de vista, ya que también debutaban unos cuantos recién llegados como yo. Ese día tuve la dicha de tocar dos de mis obras preferidas, participando en una de ellas como solista. Fueron la Tercera Sinfonía de Beethoven y el Doble Concierto para Violín y Oboe de Bach, compartiendo con el "concertino" de la Orquesta, el Maestro Samuel Kerlleñevich. Yo tenía 34 años y Samuel ya ostentaba 67... casi el doble... Después del concierto nos fuimos todos a un restaurante que estaba sobre Avenida Alem, a media cuadra del Teatro, para despedir al viejo año y al viejo director.  

En el momento de escribir estas líneas, marzo de 2006, se me ocurre hacer una suerte de estadística de algunos de los hechos que atravesé durante estos últimos 27 años, en el cargo de “solista de oboe”.

Para comenzar, una pequeña lista de “mis” directores titulares:

Alberto Guala (1978)
Mario Perusso (1979)
Guillermo Brizzio (1980-1985)
Esteban Gantzer (1986-1991)
Jorge Fontenla (1992-1994)
José María Ulla (1995-2003)
Gustavo Plis-Sterenberg (2004-)

Pero además, una larguísima lista de todos los directores invitados por los cuales fui dirigido:

Ernesto Acher, Hadrián Avila Arzuza, Enrique Bátiz,  Guillermo Becerra, Mario Benzecry, Pedro Ignacio Calderón, Carlos Calleja,  Pablo Canaves, Jorge Carciofolo, Gabriel Castagna, Washington Castro, Reinaldo Censabella, Jorge Chiappero, Pedro Santiago Chotsourian,  Radu Ciorei, Gaetano Colajanni, Carlos Cuesta López, Bruno D’Astoli, Mario De Rose, Duilio Dobrin, Alberto Epelbaum, José Esandi,  Juan José García Caffi,  Carlos Giraudo, Luis Gorelik, Danilo Grimoldi, Gustavo Guersman, Claudio Guidi Drei, Laurence Harvin, Felipe Izcaray,  Julius Kalmar, Barry Kolman, Javier Logioia, Mario Majnaric, Julio Malaval, Adela Marshall, Stefano Mazzoleni, Alberto Merenzon, Jordi Mora,  Robert Newell, Osvaldo Ovejero, Boris Perrenoud,  Eduardo Rahn, Daniel Rodríguez Bozzani, José Rodríguez Faure, Richard Rosenberg, Jorge Rotter,   Leonardo Rubin, Martha Ruiz, Roberto Ruiz,  Antonio Russo,  Guillermo Salgán, Eduardo Sánchez Zuber, Domenico Sanfilippo, Emir  Omar Saul, Tudor Saveanu, Guillermo Scarabino,  José María Sciutto, Daniel Schweitzer, Gabriel Senanes, Andrés Spiller, Mauricio Tambara, Bernardo Teruggi, Zoila Vega Salvatierra, Alberto Veronesi, Carlos Alberto Vieu, Alejandro Vila, Claude Villaret, Emin Güven Yaslicam, Reinaldo Zemba, Claudio Zorini  y Juan Carlos Zorzi, entre otros.

He participado en infinidad de obras sinfónicas. Muchas, una única vez. Otras, varias veces, en diferentes épocas y con distintos directores. Pero hay algunas, muy especiales, que parecen ser del gusto de directores y público, que merecen figurar en esta historia, ya que tuve el honor de tocarlas con bastante asiduidad. Entre éstas últimas merecen destacarse:

- Obertura de “La flauta mágica” (11 veces)
- Quinta y Séptima de Beethoven  (9 veces)
- Quinta de Chaicovsky  (9 veces).  Cuarta  (7 veces)
- Conciertos para piano de Grieg y para violín de Mendelssohn  (8 veces cada uno).
- “Romeo y Julieta”, de Chaicovsky (9 veces) y “Egmont”, de Beethoven (8 veces)
- “El barbero de Sevilla” (nueve  funciones, en diferentes temporadas).
- Ocho funciones de “Aída”: cuatro en 2005 y otras cuatro en 2006.
- Seis funciones de “El lago de los cisnes” y cinco de “Giselle” (con el Ballet del Sur).

También he actuado como solista en la ejecución de algunos conciertos para oboe:

Concierto en re menor de Alessandro Marcello, Concierto en la menor de Antonio Vivaldi, Doble Concierto para Violín y Oboe de Johann Sebastián Bach (varias veces) y Sinfonía Concertante de Wolfgang Amadeus Mozart (dos veces).

Otras obras con oboe solista en las que participé fueron:

“Requiem senza parole”, de Claudio Guidi Drei y “Oblivion”, de Astor Piazzolla.

Con el grupo de cuerdas de la Orquesta presenté mis propios arreglos con oboe solista de “Lluvia de estrellas”, de Osmar Maderna y “Calambre”, de Astor Piazzolla.

Ejecutando la flauta dulce contralto participé en el Doble Concierto para Flauta Dulce, Flauta Travesera y Cuerdas, de Georg Philipp Telemann.

Quizás puedo agregar las diferentes ciudades a las cuales fui de gira con la Orquesta:

Buenos Aires (Teatro Colón), Viedma, Río Gallegos, Trelew, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Santa Rosa, Sierra Grande, General Roca, Patagones, Neuquén, Mar del Plata, Necochea, Punta Alta, Tornquist, Coronel Pringles, Coronel Suárez, Olavarría, Tres Arroyos, San Nicolás, Trenque Lauquen, Puerto Belgrano, Monte Hermoso e Ingeniero White.

Por supuesto no puedo dejar de mencionar la actuación en Fermo y ciudades vecinas (Italia), en el insólito viaje con el Maestro Ulla en 1996. Otro viaje, lamentablemente inusual, fue la gira por Ushuaia y Río Grande, con visita y foto del Canal de Beagle, a principios de 1979, con el objeto de “reforzar nuestra soberanía” luego de la casi guerra con Chile de fines de 1978. Este fue el primer viaje de una orquesta sinfónica a Tierra del Fuego (y no el muy promocionado de una orquesta de Buenos Aires, doce años después).

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