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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 12)

13) DÚOS CON PIANO

Nunca me gustó mucho el rubro "oboe y piano". Siempre preferí tríos, cuartetos o quintetos de vientos. Pero había que conocer el repertorio.  Además, es bueno tener una pianista que te acompañe en los concursos...

Al principio fue mi mamá, mi primera pianista, con quien teníamos la pretensión de tocar las piezas para violín y piano que ella había practicado años antes con mi tío violinista. Mi mamá me acompañó en algunos de mis primeros concursos. Recuerdo una vez que había concurso para la Orquesta Filiberto. Era una orquesta que tocaba  música "clásica" argentina, tangos y folklore. En el jurado estaba Di Gregorio. Nos presentamos tres oboístas: uno viejo y con mucha experiencia (Avolio) y dos jovencitos sin ninguna experiencia (Jorge Goldszmidt y yo). Teníamos que tocar los dos primeros movimientos del Concierto de Cimarosa. Pero luego, nos sometieron a una lectura a primera vista terrible, con partes de Ravel y Debussy, infinitamente más difíciles que lo que se suponía que tendríamos que tocar luego en la orquesta... Conclusión: "desierto"...

Más adelante, para poder tocar en "Conciertos del domingo" en Canal 11 o por el ciclo de "Jóvenes Instrumentistas" en LRA, me enganché con Elena Beker, mi segunda pianista. Efectivamente tocamos por televisión y en radio, después de varios meses de ensayo. Pero el recuerdo más vivo de este período fue cuando, en medio de un ensayo, en su casa, sentimos olor a quemado y descubrimos con horror que se le estaba incendiando un galponcito. No sé de dónde saqué fuerzas e imaginación pero la emprendí a sifonazos hasta apagar la última llama. Creo que la pobre Elena me recordará más como un heroico bombero que como un apasionado oboísta.

La tercera, Betty Blasberg, tuvo mucho más que ver en mi vida. Aunque nunca tocamos en radio ni en televisión, fue la que me acompañó el día que gané el concurso para ingresar a la Sinfónica de Bahía Blanca, en octubre de 1978. Pero también ella y su familia pasaron a integrar nuestra lista de amigos y fueron famosos los campeonatos de "Scrabel" que ella jugaba contra mi esposa y las "trampas" que hacía para ganar... Su marido era pintor y sus cuatro pequeños hijos, dos varones y dos mujeres, ya eran artistas desde chiquitos y terminaron siendo artistas cuando fueron grandes.

14) DÚO CON ALEJANDRO BARLETTA (1974) 

Barletta era un caso único: un ejecutante de bandoneón pero que solamente tocaba música "clásica". A tal punto que muchos compositores contemporáneos de diferentes nacionalidades habían compuesto obras con bandoneón dedicadas a él. Él mismo también compuso muchas obras para bandoneón.

Los músicos profesionales, los de las orquestas, generalmente no toleran tocar las obras contemporáneas, esas que "suenan raro". Yo fui testigo y partícipe de ensayos con la Filarmónica en los que los músicos tocaban cualquier cosa, inclusive frente al compositor de la obra (y dudo que el compositor se diera cuenta).

Una vez, durante un ensayo con la Filarmónica, se presentó Barletta y nos dijo que quería hacer un concierto en el Salón Dorado con obras de cámara compuestas para bandoneón dedicadas a él. Eran obras con diferentes combinaciones: bandoneón y cuarteto de cuerdas, bandoneón y percusión, etc., y había una para bandoneón y oboe, compuesta por el compositor cubano Nilo Rodríguez. Nadie quería participar y le costó bastante poder conseguir a los músicos. Unos pocos aceptaron, pero a ningún oboísta del Teatro Colón le interesó asumir el desafío. Claro que también estaba el comodín, o sea yo. Me dio mucha vergüenza ajena y pena por él y acepté su invitación. La obra se titulaba "Preludio, Fantasía y Toccata" y nunca antes había sido ejecutada, así que era un estreno mundial. Como Barletta vivía muy lejos en la línea sur, en Adrogué, y yo en Castelar, en la línea oeste, íbamos a ensayar a la casa de mis padres en la Capital, cerca de Villa del Parque, que estaban emocionadísimos de recibir a tan insigne personaje.

Así fue como, el 23 de noviembre de 1974, participé en el estreno mundial de una extraña obra cubana para oboe y bandoneón y, por otra parte, me gané el aprecio incondicional de Barletta, quien me invitó a visitarlo en su casa con toda mi familia y con quien muchos años después volvimos a encontrarnos por casualidad en algún hotel de veraneo.

15) ESTELA RAVAL EN MICHELANGELO (1974)

Otro "curro" que le debo a la "fiaca" de mi compañero Porfilio y gracias al cual pude comprarme mi segundo coche (el Fiat 600 modelo 64, que ya tenía 10 años de usado), después que el primero me fue "hurtado" de la puerta de mi casa.

Michelangelo era una especie de restaurante con diferentes "shows" para turistas. Estaba ubicado en el antiguo barrio de San Telmo, con forma de túneles con techos de ladrillos en forma de arcos, en lo que se supone que había sido un depósito de mercaderías o vaya a saber qué tipo de escondite para antiguos políticos o militares.

El "show" duraba dos horas o dos horas y media, el tiempo suficiente como para una buena cena. Los días viernes y sábado se repetía dos veces, o sea que teníamos que permanecer cuatro o cinco horas.

Estaba repartido entre varios diferentes números: el ballet de Pedro Sombra (con boleadoras y todo eso), la orquesta de jazz de Panchito Nolé (que imitaba a la perfección a la orquesta y el clarinete de Artie Shaw), la orquesta de Osvaldo Pugliese (con el cantor Abel Córdoba y una fila de jóvenes bandoneonistas que después resultaron ser todos importantes solistas y donde conocí a mis admirados Emilio Balcarce y Julián Plaza, además de Arturo Penón, del que ya hablé), el grupo folklórico del charanguista Jaime Torres y, lógicamente, Estela Raval. Cada uno de ellos permanecía en el escenario durante aproximadamente media hora

Para su "show", Estela Raval y su pianista y arreglador Lito Valle (Carlos Sahagún) habían pensado en una banda tradicional pero además reforzada con algunos instrumentos foráneos, tales como flauta, oboe, clarinete, corno y fagot (o sea un quinteto de vientos). Como Lito Valle era además compositor "clásico", le daba a sus arreglos un aire sinfónico, utilizando fugas, contrapuntos y armonías no habituales en ese tipo de música. Por ejemplo, mientras el locutor anunciaba, en un larguísimo preámbulo, la aparición de "una estrella, una diosa", etc., la orquesta tocaba una obertura que era una verdadera delicia, mezcla de barroco y post-impresionismo.

Cabe agregar que, un tiempo después de conocer la existencia del Trío, Lito Valle apareció con una simpática suite para trío de cañas, que  "Madera Porteña" estrenó y ejecutó repetidas veces: su "Música de Entretenimiento I".

Hay varias anécdotas relacionadas con esta etapa de mi vida, pero voy a contar solamente tres: el camarín, otra vez el Fiat 600 y la grabación de las nenas. 

EL CAMARÍN

Cuando había un solo show, tratábamos de llegar sobre la hora, tocar e irnos, cada uno a su turno. Pero cuando había dos funciones, no había más remedio que esperar que terminara el primer show hasta comenzar el segundo. Algunos músicos se iban a un café y pizzería que estaba en el bajo. Pero resulta que en Michelangelo había camarines y en los camarines había camas. Así que algunos dormían y los propios compañeros los despertaban cuando les llegaba el turno. Como los números iban cada media hora, en el camarín se iban turnando y mezclando guitarristas-charanguistas-"bombistos", violinistas-pianistas-bandoneonistas y saxofonistas-trompetistas-bateristas. 

Como dije antes, Arturo Penón estudiaba composición con Jacobo Ficher. Entonces entraba con el cuadernillo "Istonio" en el que realizaba los ejercicios que le encargaba su profesor, observaba quiénes estábamos en el camarín y nos decía: "muchachos, ¿me harían el favor de leer esta fuga a 4 voces? Entonces se podía escuchar una fuga ejecutada "a primera vista" con bandoneón, oboe, trompeta y charango, o bien bandoneón, saxo, guitarra y violín.

EL FIAT 600

Ya conté cómo el Fiat servía de vestuario. Pero también servía de salón dormitorio. Las funciones durante la semana terminaban a la una y pico pero las de viernes y sábado terminaban a  las tres y pico. En invierno, cuando yo iba a buscar el Fiat para volver a casa, por supuesto no arrancaba. Entonces yo lo dejaba en la bajada de Avenida Belgrano, con las ruedas contra el cordón, y entonces tenía toda la cuadra en bajada para permitirle que tomara envión y así poder arrancar. En repetidas oportunidades yo salía a las tres de la mañana de un domingo y tenía que presentarme en Aeroparque a las seis o a las siete. No me daba el tiempo para volver a Castelar, así que me iba con el Fiat hasta Palermo, estacionaba debajo del puente, cerca del planetario, y ahí me quedaba durmiendo. Cuando mis compañeros de la Banda llegaban, a las seis o siete, me golpeaban en el vidrio y me despertaban.

LA GRABACIÓN DE LAS NENAS

Yo me había comprado el grabador Sony 105 (a cinta abierta) y trataba de grabar todo lo que podía. Una vez llevé el grabador y le pedí al sonidista que me grabara todo el show de Estela. Una de las canciones que siempre cantaba era "Eres tú". Mis nenas, Laura y Adriana, que en ese momento tenían 4 y 2 años, la escuchaban y la aprendieron, aunque con un texto que sólo ellas entendían. Las grabé a ellas cantando y una noche llevé el grabador, me metí en el camarín de Estela y le dije: "Señora, escuche esto"... Ella no lo podía creer... 

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