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Carlos Visnivetski (1944-2010)
"Memorias de un Músico"
Autobiografía escrita en el año 2006
(pág. 11)

10) CUARTETO "ARGENTINO VALLE" (1975-1976)

Ya hablé del oboísta Enrique Avolio. Ente otras cosas, formaba parte de un cuarteto de músicos bastante mayores de edad que se dedicaban a recrear piezas de autores argentinos. Yo solía ver sus nombres y el anuncio de sus presentaciones en los diarios.

El grupo estaba liderado por la pianista María Eugenia Girard del Toral, una señora muy mayor que a mí se me representaba como de la "high society" y que solía tocar en salones de alta alcurnia.  Cuando Avolio se retiró, el grupo se disolvió. La pianista decidió volver a formarlo pero esta vez con "sangre joven". El nuevo grupo que yo integraba estaba formado por piano, flauta, oboe y fagot. Aquí no había un Bernato sino dos, ya que el flautista era Osvaldo, el hermano de Alberto, que tocaba flauta en la Banda de Policía.

Las obras que tocaba el grupo eran generalmente originales para piano y "desarregladas" para cuarteto. Como de costumbre, terminé arreglando y dirigiendo el grupo, que tenía una  característica muy especial: la pianista nos pagaba... Ella decía que el dinero salía de sus contactos y su capacidad empresarial, pero yo estoy seguro que ella lo ponía de su bolsillo para poder sostener y mantener al grupo y sostenerse a ella misma haciendo algo artístico que la mantuviera "en el candelero".

Los ensayos transcurrían en su departamento, cerca de Río de Janeiro y Rivadavia, y se me ocurre que tenía sangre judía ya que se comportaba como una auténtica "ídishe mame" (o quizás "ídishe bobe") ya que  siempre nos recibía con masas o bombones y té o licores.

Con este extraño conjunto estuve trabajando entre 1975 y 1976.

11) "EL CALDERO DE LA GORGONA" (1975)

A la Biblioteca del Collegium Musicum llegaban personajes de todo tipo. Ahí conocí a algunos de "Les Luthiers" cuando todavía no eran "Les Luthiers"sino "I Musicisti", como Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés, que en esa época se llamaba sólo Carlos Núñez.

Pero también solía aterrizar gente extraña, como aquella vez que apareció un señor que me dijo que estaba por poner un restaurante "antiguo" y quería contratar a un grupo de música antigua. Yo no creí que ningún grupo de música antigua del Collegium aceptara un contrato para tocar en un restaurante antiguo, pero quedé en que iba a averiguar. Hablé con uno y con otro y por supuesto que no pude conseguir nada.

Cuando el tipo volvió para preguntarme, se me ocurrió ofrecerle un trío de flauta, oboe y fagot, que podríamos tocar música antigua o de cualquier otra época. Él nos ofrecía unos pocos pesos de acuerdo con la cantidad de comenzales cada noche y además la cena y el postre, todos los fines de semana. Hablé con dos de mis compañeros de Banda, el Flaco Duca y el Gordo Cesarini, y agarramos viaje.

El lugar era realmente muy extraño. Estaba situado cerca de Rivadavia y Río de Janeiro, en uno de esos pasajes que podría ser "República de Indonesia". Muy oscuro, como si fuera una cueva, tenía un menú muy restringido: solamente sopas y ensaladas. Las sopas estaban metidas en unos enormes calderos y cada comensal tenía que servirse solo, las veces que quisiera. El pan estaba metido en unos hornos y cada cual tenía que sacarlo mediante unas larguísimas palas. Y los vinos estaban en toneles y cada cual debía servirse abriendo unos espiches de madera. Pero los integrantes de este trío siempre elegíamos como alimento  los helados, que eran lo único que los comenzales no podían servirse por su cuenta  (pero los integrantes del trío sí).

El "curro" terminó cuando nos aburrimos de perder tanto tiempo y cobrar tan poco dinero y al mismo tiempo el dueño se aburrió de que le comiéramos tanto helado.

12) CORO AGRONOMÍA Y VETERINARIA (1972)

En el Curriculum aparece mi actuación como director de un coro universitario y quizás alguno que lo lea va a sentirse impresionado... pero la realidad era muy diferente.

En los cursos del Collegium Musicum tenía un compañero, un flaco de anteojos que se llamaba Jorge Luis Vanasco. Creo que éramos los únicos varones del curso y, por lo tanto, bastante compinches.

Por aquellas épocas en Buenos Aires algunas facultades solían tener coros, algunos de ellos de gran calidad, dirigidos por maestros de mucha categoría y apoyados y sostenidos por las autoridades de cada facultad. Solían hacer festivales o encuentros y competían sanamente. 

Los alumnos de otras facultades trataban vanamente de formar algún coro, sin ningún apoyo de sus decanos u otras autoridades. Así fue como Jorge Luis se encontró dirigiendo el Coro de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. En esos momentos había un movimiento que trataba de separar ambos rubros y formar dos facultades separadas: Agronomía por un lado y Veterinaria por el otro. Había paros, sentadas, pintadas, pegatinas, conferencias de prensa, etc. Las autoridades de la facultad (o de las facultades) jamás se dieron por enteradas de que poseían un coro. El coro trataba de sobrevivir en medio de todo este desorden y modificó su nombre por el de "Coro Universitario Agronomía y Veterinaria". Llegó el momento en  que Jorge Luis no soportó más y decidió abandonarlo y ofrecérmelo.

Yo pensé "dirigir un coro universitario da mucho lustre y además puedo llegar a cobrar un buen sueldo"... Por supuesto que ninguna de estas ilusiones se transformó en realidad y tuve que apechugar contra todo y contra todos para que el coro pudiera funcionar durante ese último año de coma profundo (1972). Al punto que, entre los pocos estudiantes de uno y otro rubro que quedaban y que se peleaban dentro de los ensayos, me vi obligado a reforzar el coro mediante tres personas que leían música, que no eran estudiantes de agronomía ni de veterinaria y que, además, ostentaban el mismo apellido: mi mamá, mi tío Felipe y mi prima Ana...

 

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