J. S. BACH Y LOS NUMEROS
Existe bastante literatura sobre referencias a la
fascinación de Bach hacia los números. Aquello, que se llama "gematría", no es otra cosa que un método por el cual letras
o notas musicales se representan mediante dígitos, como por
ej. A=1, B=2, C=3, etc. o, en la notación musical alemana,
C(do)=3, C#=CIS=3+9+18=30, o A(la)=1, Ab=AS=1+18=19.
La ciudad de Köthen, o con más precisión, su Museo
Histórico, publicó en 1994 una serie de estudios sobre Bach,
en ocasión del 300 cumpleaños del Príncipe Leopold von
Anhalt-Köthen, el patrón de Bach desde 1717 hasta 1723,
cuando obtuvo el puesto de "Kantor" de la iglesia de St.
Thomas en Leipzig. En una de esas monografías, la musicóloga
Helga Thoene realiza un estudio amplio de las 3 Sonatas y 3
Partitas para violín sólo, y me propongo de extraer de allí
algunos de los ejemplos más sencillos de cómo los números
adquieren una presencia casi ominosa en estas composiciones.
Empecemos con un ejemplo sencillo y corto: la secuencia de
las tonalidades de las seis Sonatas y Partitas es la
siguiente: Sol (G) - menor, Si bemol(B) - menor,
La(A)-menor, Re(D) - menor, Do(C) - mayor, & Mi(E) - mayor.
Si miramos los intervalos entre Sol, Si-bemol, La, Re, Do &
Mi llegamos a las siguientes cifras: 3, 2, 4, 2, & 3 (una
tercera, una segunda, una cuarta, etc). Pues bien, la suma
de esas cifras es 14, y si las multiplicamos todos seguidas
llegamos a un total de 144. Aplicando "gematría" al nombre
de Bach, obtenemos que Bach totaliza 14 (2+1+3+8), y Johann
Sebastian totaliza 144. ¿Es eso una coincidencia?
El próximo ejemplo será un poco más complicado. Tomemos el último compás de la primera fuga (en Sol(G)-menor) y
asignémosle números de acuerdo con la notación alemana (el
arpegio D-A-G 4+1+7 y así sucesivamente hasta dar con el
acorde final) y llegaremos a un total de 158, que es la suma
de 14 + 144, o sea, la firma completa del compositor, como si Bach hubiera querido subrayar que fue efectivamente él el
creador de esta hazaña : una fuga de tres voces para violín
sólo.
Éstos son cálculos bastante sencillos. Podemos comprobarlos
con facilidad. Pero hay mucho más, consumiendo bastante
tiempo, y solamente destacaré en qué consiste. Los valores "gemátricos " de los primeros compases, anacrusas incluidas,
de las 6 Sonatas y Partitas suman, respectivamente:
Sol-menor 172, Si-bemol-menor 350, La-menor 112, Re-menor
85, Do-mayor 22 y Mi-menor 220, en total 961. Otra manera de
dar valores numéricos a las notas es asignando a las notas
enteras 1, las blancas 2, las negras 4, las corcheas 8, y
así sucesivamente. Se ignorarán los puntillos, de modo que
una corchea punteada seguirá siendo 8. Si nuevamente tomamos
los primeros compases de éstas seis obras bajo análisis,
llegamos a las siguientes cifras, respectivamente: 744, 336,
488, 200, 72, y 160, lo que totaliza 2000.
Y ahora llegamos a ese resultado increíble pero
incontestable: si aplicamos "gematría" al Credo de la Misa
Latina (desde "Credo in unum" a "et invisibilum) llegamos a
un total de 961, y similarmente, el total del Kyrie & Gloria
(desde "Kyrie eleison" hasta "Gloria tuum", nos da un total
de 2000. ¿Otra coincidencia?
Éstos son apenas unos pocos ejemplos tomados desde la citada
monografía. Para aquellos que deseen profundizar más en el
tema cito a continuación el código internacional de
publicaciones bajo el cual se puede hallar este trabajo. Se
trata de ISBN 3-928703-55-2, siendo el editor el museo
arriba mencionado.
Existen más revelaciones sorprendentes en relación con la
Chacona, cuya creación coincidió con la muerte de su primera
esposa, Maria Barbara, y donde las palabras "In Christo
Moritur, valor gemátrico 211, adquieren un valor
especialmente significativo.
Esto es sino una breve introducción a este aspecto
fascinante del trabajo de Bach. Muchos músicos se han
preguntado en el pasado, en nuestros días, y seguramente
también en el futuro, que hay tan especial en la música de
Bach. Cuando estudiamos su obra, y la penetramos más
profundamente, nuestras sorpresas y admiración crecen, cómo
si nos halláramos ante algo milagroso. Si a todo esto
agregamos ahora esta nueva dimensión, la de ese ritual casi
cabalístico de los números, no podemos sino convencernos una
vez más que Bach constituyó uno de los pilares de la cultura
occidental, precisamente porque su música se acerca más -
más que la de cualquier otro - a la naturaleza de las cosas,
de la cual formamos parte todos y en la cual nos
reconocemos.
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